Hacer bien lleva tiempo

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(Serie Anécdotas Agronómicas - VI)

“…primero el tallo, luego la espiga, y después el grano lleno en la espiga”. (Marcos 4: 28)


Algunas veces me pregunto cuándo es que desearía ver los resultados de un trabajo con lo cual estoy involucrado. Mi primer reacción, y es bueno que así sea, es la de desear verlos rápidamente. Quiero asegurarme que estoy yendo en la dirección acertada, que vale la pena todo el esfuerzo.


Sin embargo, y creo que eso pasa en una amplia variedad de situaciones, tarda hasta que sea posible discernir los primeros frutos concretos de un trabajo. Incluso a veces me pregunto si un día lo veremos.


Esa parábola me ayuda a valorar la importancia de las etapas, a reconocer que comúnmente hay un proceso hasta que se pueda llegar allá. Hay que esperar que el grano quede “maduro” (v. 29). Mismo que sea difícil, es necesario aguardar el “tiempo de la cosecha”.


Tres rápidas lecciones. Primera, se necesita perseverar al largo de los procesos, también llevar en cuenta que frecuentemente son demorados, y así no desanimar en el medio del camino (acuérdense de Eugene Peterson, para quien la perseverancia es sinónima de “larga obediencia en un mismo camino”).


Segunda, se necesita desarrollar una sana capacidad de evaluar los procesos, reconocer los avanzos y retrocesos, ser capaz de revisar con propriedad y sabiduría los pasos y los medios por los cuales deseamos llegar a los resultados (en otro momento pienso en volver al tema de los criterios que debemos usar en evaluaciones).


Tercera, la perspectiva de la cosecha es algo que alimenta nuestra esperanza. Eso sucede cuando la escatología no es usada como un escape y sí como aliento y alimento en la obediencia práctica y concreta del presente.


¿Cómo anda su disposición para perseverar sin que vea el resultado de sus esfuerzos?


Comparto algo que me ayuda. Espero que a vos también le sirva. Busco imaginar cómo las próximas generaciones de estudiantes universitarios se beneficiarán del trabajo que estamos desarrollando ahora. ¿Qué tipo de ministerio estudiantil cristiano encontrarán en la universidad los estudiantes que en ella entraren de ahora a 5, 15 o 30 años? ¿Cómo es que lo que siembramos ahora les podrá ser útil para que ellos afronten con fidelidad y creatividad los desafíos de su tiempo?


Piensen en eso. Quedaré muy contento de oír sus ideas al respeto.


(Continúa…)

Foto: © Yan Seiler

La comunión en la mesa: La salvación - 7ª parte de 7

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Foto: Comedor Universitario - Universidad Federal de Viçosa - Minas Gerais - Missão 2006

Lc. 22:7-30 7ª parte

La comunión en la mesa: La salvación

Algunas consideraciones finales.

La experiencia ministerial de Jesús en las muchas mesas x donde estuvo, encuentra en esta mesa pascual un momento privilegiado de síntesis, símbolo del proyecto de salvación operado por Dios en la historia de su misión y su mensaje y apunta para la culminación de este proyecto en el reino el Dios

En el ministerio de Jesús podemos ver la importancia que tiene este tiempo destinado a estar en la mesa con persona de todo tipo, compartiendo comida con ellos, y así crear espacios para que por medio de un encuentro personal con Jesús, puedan ser incluidos en la comunidad de salvación. Vemos que las comidas son expresiones de hospitalidad y que son escenarios naturales para desarrollar las implicaciones personales y sociales de la salvación, estas expresiones de hospitalidad han sido uno de los principales medios utilizado por Jesús para evangelizar

La cena del Señor está relacionada con su contexto más amplio de la Pascua, de manera que nos presenta la decisión de Jesús de seguir hasta Jerusalén para la realización de su Éxodo (Lc 9:31), el nuevo Éxodo. En la primera pascua con Moisés promoviendo la liberación de Egipto y ahora con Jesús una liberación mucho mas amplia.

El rito de la Pascua no es solamente un medio de apropiarse de la nueva liberación y del pacto divino, es también una anticipación del nuevo Éxodo revelado en la muerte de Jesús, siendo esta muerte interpretada de manera sacrificial y así nos lleva a la plena realización del propósito divino en el banquete escatológico del reino de Dios.

Ahora que hemos celebrado 60 años de IFES, cuando somos llamados por Dios a renovar nuestro compromiso de seguir a Jesús buscando al perdido, y en nuestro caso en el mundo estudiantil seria bueno preguntarnos cuanto de nuestra practica misionera esta marcada por la hospitalidad que vemos en la experiencia de Jesús.

¿Seria la hospitalidad un buen criterio o paradigma para considerar los retos futuros de nuestro esfuerzo misionero? ¿Cuando miramos a nuestros grupos estudiantiles en nuestros movimientos nacionales que vemos? ¿Será que están acomodados en algunas mesas de iguales, ocupados a hacer manutención de la subcultura estudiantil evangélica, o sea tenemos en nuestra mesa solo gente que conocemos, los iguales a nosotros, o estaremos en obediencia siguiendo por todos los caminos invitando a la gente a los distintos, que nos causan molestia, que huelen distinto, que hablan distinto, que piensan distinto, a quien tenemos en nuestras mesas? ¿A quien invitamos a nuestras mesas?

En algunos contextos el Evangelio mismo es visto como una expresión de hostilidad, de ideología dominante y si es ideología dominante debe ser rechazado. ¿Qué rol tendría una invitación la mesa en situaciones como esta?

Hay muchos temas difíciles que nos desafían como cristianos y quizás, en un contexto donde se pueda compartir una comida, los mismos temas serian mejor tratados do que en espacios públicos de pelea ideológica. Temas que representan un gran reto para nosotros, cuestiones bioéticas, cuestiones ontológicas, todo lo que significa cuidado de la creación, los temas relacionados a las muchas expresiones de desigualdad racial, social, política, de género, el mismo reto del materialismo y del secularismo hedonista con sus fuerzas seductoras, el reto de la grandes religiones y otros temas.

Quizás al rededor de una mesa seria el lugar más apropiado para tratar estos temas y no en el campo de las peleas donde casi nos damos cuenta que hay un diálogo de sordos. Jesús alrededor de la mesa promueve una dinámica de misión que es intencionalmente hospitalaria, que revela la singularidad del proyecto de salvación en Cristo para toda la humanidad y que demanda una actitud de entrega sacrificial.

¡Que Dios nos Bendiga!

La comunión en la mesa: La salvación - 6ª parte de 7

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Lc. 22:7-30 6ª parte

La comunión en la mesa: La salvación

En la mesa, expresión de misión del mensaje de Jesús. (v.24 -30)

En esos versículos vemos una perspectiva inadecuada en los discípulos. Parece que la experiencia que estaban viviendo con Jesús en la mesa no produjo en sus perspectivas el cambio esperando necesario, las dos preocupaciones están fuera de foco, con este momento, mas aun no corresponden a lo que acabó de pasar entre ellos y Jesús, y con aquello que Jesús les estuvo enseñando toda la vida.

La preocupación central de los discípulos puede ser resumida en un pronombre, Quien, quien le va a traicionar, quien es mas importante entre ellos. La pregunta es como es que nace un preocupación así en este momento? Que tipo de misión nace de un lógica con discípulos que tienen este tipo de preocupación en este momento?

Bueno, creo que puede pasar lo mismo con nosotros, todas las veces que cogemos lógicas distintas de aquella del reino de Dios. Aquí les quiero proponer una metáfora que nos permita comparar objetos distintos, la mesa por un lado el escritorio por otro lado. Muchas veces pensamos estar sentados a la mesa como discípulos, pero estamos sentados alrededor de un escritorio, eso genera cierta confusión. ¿Que quiero decir con eso?

En la mesa vemos a Jesús portándose como siervo, formando una comunidad marcada por la solidaridad, por el compartir, por la comunión. Todas esas son expresiones de valores del reino de Dios, solidaridad, compartir y la comunión, pero cuando estamos al rededor de un escritorio, me pregunto si ya no entramos en la lógica del merito, del poder, del mas importante, donde la preocupación ya no es mas servir.

Cuando llegamos a este punto ya estamos preocupados por saber quien es mas importante, quien tiene mas meritos, esta lógica de poder, genera intrigas y esto provoca abusos de varias formas, que impide que sigamos en nuestra practica de obediencia misionera, ya no es mas la lógica de la mesa y de la solidaridad del compartir y servir, es la lógica de un escritorio donde uno manda, y otros obedecen. En tiempos así ya no es la alegría de haber sido invitado por el señor a su mesa que nos mueve en acción de gracias, en tiempos así cuando nos movemos por el merito ya nos hemos desconectado, de la lógica del reino de Dios, y el poder ocupa el lugar que corresponde a la comunión.

Como CIEE no podemos olvidar que nacimos del contexto de la mesa, y no del escritorio, las marcas que tenemos en nosotros son de la solidaridad, del compartir, y del servicio, y no del poder. La mesa demanda la conversión del poder dominación en poder servicio!

Jesús entonces responde: “no sea así entre ustedes”. Jesús presenta dos modelos: los que dominan y los que sirven. También orienta de que entre los discípulos la realidad debía ser completamente distinta, el poder que domina debe convertirse en poder que sirve, el privilegio de estar a la mesa implica en una opción por servir.

Solamente una lógica así en servicio puede atraer a la mesa personas tan distintas como aquellas que hemos visto compartiendo las comidas con Jesús. Esta manera de pensar preocupado en saber quien es más importante es un equívoco, estar a la mesa con aquellos quienes vino a Jesús a buscar demanda una actitud de siervo. Es así que Jesús modela la experiencia de estar a la mesa, como siervo sufriente como nos dijo Joachim Jeremias:

“Si queremos evitar el peligro y aislar las palabra de la ultima cena debemos considerar que ellas son un nexo de una larga cadena de comidas que Jesús tuvo con sus discípulos, y otras que continuaron después de la pascua.”

Estar a la mesa es mucho más que una sencilla reunión de amigos, es una señal de paz , de perdón, de confianza, de fraternidad estar a la mesa con Jesús es una proclamación de tiempo de salvación. Las personas con quien Jesús comparte la mesa es indicación evidente del deseo de Dios de acoger a los pecadores.

La comunión en la mesa: La salvación - 5ª parte de 7

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Lc. 22:7-30 5ª parte (v.14 – 21)

La comunión en la mesa: La salvación

Así que por medio de este rito que Dios nos dio en Jesús, la realización de la cena del Señor, en relación a su contexto mas amplio, la pascua Judaica, Jesús indica su decisión de seguir hasta Jerusalén para la realización de su éxodo. En la primera pascua con Moisés, con la liberación de Israel de Egipto, ahora con Jesús con la liberación mucho mas amplia.

Jesús toma sobre si el juicio, y su muerte nos va a traer la liberación de aquello que Lucas describe como la liberación del reino de las tinieblas. Así Jesús realiza su vocación divina al someterse a la voluntad de su Padre tomando sobre si el castigo que nos corresponde a nosotros.

Tenemos aquí una importa conexión entre la pascua celebrada por Jesús y aquello que es central en la identidad de Israel:

a) el Éxodo como la liberación de todo aquello que esta al margen, todo aquello qu esta bajo presión, en Lucas es descrito como el perdido.

b) Tenemos aquí una conexión importante con el sacrificio en relación a liberación y el nuevo pacto

c) el rito de la pascua no solamente como medio de apropiarse de la nueva liberación y del pacto divino, pero también como anticipación de un nuevo éxodo revelado en la muerte de Jesús, siendo esta muerte interpretada de forma sacrificial, y así llevando la plena realización del propósito divino y el banquete escatológico en el reino de Dios,

d) aquí además de la conexión con la pascua tenemos, un estrecho vinculo con el reino de Dios, pues es justamente allá que esta pascua llega a su plenitud


Esta celebración de la cena entre Jesús y sus apóstoles amplia un concepto de liberación , en la primera Pascua significa la liberación de Egipto ahora indica el cumplimiento de las profecías que nos aseguran

a) liberación del pecado,

b) la victoria sobre la muerte,

c) y la posibilidad de vida eterna,

Al tomar parte de la cena del Señor los discípulos fueron colocados dentro de la historia de la Salvación, y lo mismo pasa con nosotros hoy. Esta comunidad que nace alrededor de la mesa con el Señor Jesús nos revela un significado de que la hospitalidad de Jesús , es un marco de referencia aun mas amplio; esta comida esta revestida de significado escatológico, y ello representa de forma simbólica, la comida especial que vamos a tener de forma completa con el Señor Jesús en su reino, este proyecto de Dios para la salvación del ser humano, se nos presenta con elementos de singularidad y universalidad, en un mundo marcado por la duda y por el desencantamiento donde la historia es vista como algo solamente local o sencillamente como una ideología, la historia de los vencedores, la proclamación de que Cristo es revelación de Dios, para toda la gente, en todo tiempo en todo lugar que afirma la fe cristiana, que tiene un mensaje universal de esperanza para todos.

Vemos que este proyecto de salvación, expresado de una manera especial en la Pascua judaica, luego se evidencia en la iniciativa de Jesús de invitar a la mesa a los perdidos de una forma muy especial en esta Cena del Señor. Todavía aguardamos la comida en el reino de Dios, donde tendrá su pleno cumplimiento,

Frente a esta manera de como Jesús invita a la mesa, primero a los perdidos, luego llega a la cena con sus discípulos, en seguida comunica la decisión de abstenerse para esperar compartir esa cena completamente en su reino, mi hace preguntar sobre nuestra practica de misión. Será que antes de llegar a la mesa eucarística donde ya se configura la existencia de una comunidad, no haría falta que nosotros hubiésemos pasado por otras mesas antes?

En Lucas vemos que este rito de la Pascua no es solamente un medio de apropiarse de la nueva liberación del pacto divino pero es también una anticipación de un nuevo Éxodo revelado en la muerte sacrificial de Jesús, algo que encontrará su plena realización en el banquete escatológico en el reino de Dios. Somos partes, por la gracia, de este proyecto histórico que culminará en plenitud en el Reino de Dios.

Cuando “no saber” es una virtud

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(Serie Anécdotas Agronómicas - V)

El poder de la semilla que siempre nace y crece es un misterio que el agricultor no entiende (Mc. 4:27) ni tampoco nosotros.

Viene a la memoria lo que Jesús dijo acerca de Dios decidir revelar las verdades más profundas del evangelio a los humildes de corazón, ocultándolas a los supuestamente sabios y entendidos.

¿Podríamos entonces llegar a la liberadora percepción de que el “no saber” apunta no solo para una limitación de nuestra capacidad, pero también para algo deseable a una sana espiritualidad?

Examinemos rápidamente cuando es que el “no saber” podría ser una virtud.

Uno de esos casos nos es revelado por la parábola de la mala hierba (Mateo 13:24-30;36-43). Ella nos impide que nos pongamos en una posición de jueces, pues en verdad no lo somos. ¡Hay solamente uno! Cuando pensamos que “sabemos”, nos arriesgamos a remover la planta que creció de la buena semilla junto con la nefasta.

“No saber” también es algo que nos ayuda a que no nos ahoguemos en una tentadora necesidad de controlar los procesos y los resultados, esa que al fin nos lleva a una ansiedad absurda. Al evitar esa trampa, podemos desarrollar esa confianza más liviana y descansada en el Señor.

Por último, si pudiéramos entender todo acerca del misterio y del poder latente en la semilla que es la Palabra, podría pasar que nos veamos a nosotros mismos como grandes e que percibiéramos a Dios y su Palabra como chicos y maniobrables de acuerdo con nuestros propios intereses.

Difícil imaginar algo más peligroso que la religiosidad como instrumento de poder para que una persona o grupo alcance sus propias agendas.

Hay mucha virtud en confiar en poder de la semilla y de “la tierra que dá fruto por sí sola” (v. 28).

(Continúa…)

Foto: © Isaac Bonyuet - 2008 TrekEarth

La comunión en la mesa: La salvación - 4ª parte de 7

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Lc. 22:7-30 4ª parte (v.14 - 21)

La comunión en la mesa: La salvación (la dimensión escatológica).

Una vez mas vemos a Jesús en la mesa con sus discípulos. Lucas manteniendo su estilo de hacer referencias al tiempo, ahora lo hace de cierta forma que comunica las emociones y la expectativa de este momento, cuando dijo “Cuando llego la hora…”. Algunos debaten si la pascua judaica es o no el contexto de referencia para esta cena pascual de Jesús y sus discípulos. Creo que estamos en buena compañía cuando aceptamos esto como marco de referencia , autores como Joaquín Jeremías, Carlson, Wright, entre otros, creen que hay evidencia suficiente para pensarlo así, Jesús mismo afirma en el v 15. “q he tenido muchos deseos de comer esta pascua con ustedes antes de padecer”

Estamos frente aun drama donde vemos que hay un guión con un plano de exclusión por un lado, (vs 1-6) mientras que hay otro guion con un plano de salvación (vs.7-38). Un solo drama, dos guiones distintos y de una manera muy especial estos dos guiones revelan la singularidad del proyecto histórico de salvación de Dios realizado en Cristo conforme nos fue anunciado por los profetas.

En sus consideraciones sobre este momento Tom Wright dice que para explicar a los discípulos sobre lo que iba a suceder mas tarde con ellos Jesús no les da una teoría sobre la muerte sino mas bien un rito que les permita vivir las varias dimensiones del significado de aquel momento. Sabemos que nuestro Señor de muchas formas y en varios momentos procuro explicar a sus discípulos las implicaciones de caminar en dirección a Jerusalén y de como debían vivir este momento. Mismo un poco confundidos ellos estaban frente a un nuevo momento donde seria `posible decir, como dijo Lucas:” ellos se fueron y encontraron todo tal como les había dicho Jesús”.

Les da entonces un rito para vivir este momento de la mesa con el señor. Eugene Peterson nos enseña que, el rito retira la acción humana considerada esencial para la vida común del ámbito inmediato de las personas, para proteger la misma acción de alteraciones revisiones y ediciones indebidas. Esto también permite que esta misma acción este libre de las influencias de estados de animo distinto.

El rito nos coloca dentro de una realidad mas amplia sin demandar que yo comprenda todo o que tenga mis sentimientos perfectamente ajustados a esta experiencia a la que el rito se refiere. El rito preserva el misterio y nos mantiene en contacto con el, eso no solamente porque la realidad es mas amplia que mis circunstancias inmediatas sino también porque es mas allá de mi comprensión.

El rito preserva estos misterios y protege ciertos aspectos esenciales de mi realidad, de forma q estos misterios no sean reducidos a dimensiones de mi interés, de mi inteligencia o mi conciencia. Yo no controlo el rito, yo puedo o no participar de el pero no puedo realizarlo solo, este rito me lleva a la experiencia de comunidad, a destruir mis ilusiones de autosuficiencia.

Así que por medio de este rito que Dios nos dio en Jesús, en la realización de la cena del Señor en relación a su contexto mas amplia la pascua Judaica Jesús indica su decisión de seguir hasta Jerusalén para la realización de su éxodo.

Acá somos llevados a considerar el lugar y sentido de la reverencia en una cultura que optó por la irreverencia, por la superficialidad, por la falta de pudor, Sin la reverencia debida a la Vida y al Señor de la Vida, la misma si coloca en riesgo. El rito, la liturgia nos permite rescatar esta dimensión mas amplia de la vida y del significado mas profundo de la existencia. En esta mesa del Señor, en la Santa Cena, nos damos cuenta del significado mas profundo de aquello que esta por acontecer, del amplo significado de la muerte inminente de Jesucristo.

continua….

¿Estaría el poder en mis manos?

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(Serie Anécdotas Agronómicas - IV)

El Reino de Dios una vez más es comparado a un hombre que siembra la semilla en la tierra (Marcos 4:26-29).

Al volver a hablar del trabajo como metáfora del Reino, Jesús nos comunica que la idea del esfuerzo que uno pone para producir algo es un concepto importante en el Reino de Dios.

El trabajo no es fruto del pecado, de la Caída. El trabajo ya estaba antes, en la mente y designios de Dios para la raza humana. En el inicio, Dios puso la humanidad en un jardín, para que “lo cultivara y lo cuidara” (Gen 2:15).

Lo que pasa ahora después del pecado y de la desobediencia crucial del hombre y de la mujer es que el trabajo pasa a ser un proceso que nos costará mucho (Génesis 3: 17). Habrá que trabajar duro (Gen 3:19) y muchas veces el trabajo parecerá un esfuerzo en vano (Eclesiastés).

En ese contexto del cotidiano de nuestras vidas en que la experiencia del trabajo es muchas veces algo frustrante, cómo es importante escuchar las palabras de Jesús que rescatan el valor y la importancia del trabajador y de su esfuerzo.

Aún más importante cuando vemos el tamaño de la tarea delante de nosotros, el mucho que hay por hacer, y los obstáculos en el camino. Esas palabras de ánimo son aún más vitales cuando reconocemos la enormidad de la tarea, del mucho que hay por hacer, así como de los muchos obstáculos en el camino.

Ahora, un énfasis en nuestro esfuerzo y en el trabajo de nuestras manos no puede hacer con que creamos que todo el poder y la responsabilidad estéan en ellas, en nuestras manos. Pensar así nos llevaría a la arrogancia y a la autosuficiencia.

“Noche o día”, estando él “dormido o despierto” (Mc. 4:27a), vemos que lo que determina el fruto no es nuestro esfuerzo (“dormido o despierto”) ni tampoco las circunstancias (“noche o día”).

No hay que cargar una responsabilidad o peso más grande de lo que nos cabe o de lo que podemos llevar. Es cierto que eso nos arrastraría a una experiencia de culpa, desanimo, cansancio y frustración.

También previne que pensemos que hay que esperar por las circunstancias supuestamente ideales o más adecuadas para nuestro trabajo y esfuerzo. Infelizmente, esas “circunstancias ideales” nunca llegan, sin hablar de que podemos nos equivocar en su evaluación.

“La semilla siempre nace y crece” es un consuelo importante y una esperanza firme en un poder que no está en nuestras manos. “La tierra da fruto por sí sola”, o, en otra versión, “la semilla siempre nace y crece” (Mc. 4:28a). Esa certeza es un consuelo importante y una esperanza firme en un poder que no está en nuestras manos.

(Continúa…)

Foto: © Jon Block - Goldsmith
Upload feito originalmente por Jon Block

La comunión en la mesa: La salvación - 3ª parte de 7

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Lc. 22:7-30 3ª parte

La comunión en la mesa: La salvación

Joaquín Jeremías al referirse a la cena del Señor hace un vinculo entre esta ultima cena con todas las experiencias anteriores de Jesús de comer juntos con las mas distintas personas de todo tipo de situaciones.

“La comida fundadora, la cena, es apenas uno de los muchos nexos de una larga cadena de comidas que Jesús compartió con sus seguidores y que después de la pascua estos mismos seguidores dieron continuidad, la ultima cena tiene sus raíces históricas en esta cadena de encuentros”.

Así que estamos frente a un grande reto, el reto de rescatar la dimensión de hospitalidad en nuestra practica misionera. Son varias las expresiones de hostilidad en este mundo, expresiones que llevan a una alienación, incluso el evangelio de Cristo en muchos contextos es visto como una expresión más de hostilidad, mucho más de hostilidad que de invitación a conocer a Jesús, su vida y obra de manera personal. En situaciones así el Evangelio ya no es más una buena noticia, estamos viviendo días en q hace falta q revisemos nuestras prácticas evangelísticas y misioneras si queremos llevar adelante el reto que nos fue propuesto.

Creo que será esto una tarea constante para los movimientos miembros de la comunidad. Sobre todo después de 60 años, repensar la relación entre nuestros modelos y este modelo propuesto por Jesús y nuestras experiencias de misión, todo esto en este contexto marcado por la indiferencia y la hostilidad.

¿Será que somos entendibles a esta generación? ¿Nuestros esfuerzos de misión son como mesas que incluyen a los marginados? ¿Son mesas preparadas para los perdidos, son mesas que están accesibles a ellos? ¿Cómo nuestras acciones de obediencia misioneras expresan preocupación y cuidado por las necesidades espirituales físicas y emocionales de los estudiantes? ¿Cómo nuestras acciones de obediencia misionera responden a la necesidad social de dialogo e intimidad?

¿Cómo nuestras acciones misioneras buscan dar continuidad a las tradiciones de cultivar una vida sacrificial como vemos en la vida de Jesús? ¿Cómo nuestros esfuerzos misioneros mantienen su foco en ser una comunidad de salvación que busque incluir a los perdidos en cada aula de nuestras universidades y escuelas de nuestros países?

En un mundo marcado por la hostilidad tenemos que seguir buscando formas que nos permitan ser hospitalarios y a la vez y a la vez mantener los aspectos singulares de nuestro mensaje , de la singularidad de Jesús. Cristo también vivió en un mundo hostil, pero sin pecar y sin relativizar la singularidad de su mensaje y las consecuentes demandas del evangelio del Reino, hizo de la mesa una experiencia de inclusión de pecadores.

Dificultades, pero alegría

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(Serie Anécdotas Agronómicas - III)

Mucha gente necesitada vino escuchar esas parábolas que Jesús les contó. Quedaban paradas, en la playa, ansiosas por oír algo acerca del camino. El Sembrador entonces les habló que en la vida hay una lucha activa en contra: del olvido, de la superficialidad y de las tentaciones.

Las semillas al largo del camino son el olvido. Ellas nos hablan de la indiferencia, de la insensibilidad, de la apatía. También del peligro del “robo” de la Palabra y de la esperanza sembrada.

Las semillas en medio de las piedras son la superficialidad. Aquella que se revela en la falta de un buen fundamento, de sólidas motivaciones, de buenos marcos de referencia. Que germina de la inconsistencia y de la falta de perseverancia ante las dificultades.

Las semillas entre espinos son las tentaciones. Hasta las cosas buenas, cuando mal usadas o mal enfocadas, se transforman en un desvío y un problema. De ahí surgen las tentaciones de la ilusión y del engaño de las “soluciones” rápidas. También viene la atracción del poder, y la tentación de usarlo hacia uno mismo y no hacia el beneficio de los otros (Marcos 10:42-45), ahogando así cualquier pretensión de buen fruto.

Tal vez para animarles a vencer esas dificultades, el Sembrador cierra la parábola con la alegría de las semillas que producen. Su palabra final es una de ánimo, para nos llenar de esperanza, a pesar de las dificultades.

Humanamente, y bajo una lógica de productividad, el sembrador fue bastante inefectivo. De los cuatro tipos de terrenos, sólo uno produjo. Pero la lógica del Sembrador parece ser distinta.

De acuerdo con Él, debe haber mucha alegría con lo que pasa con esas semillas: esas que escuchan, aceptan y producen.

Al escuchar, ellas abren espacio verdadero para que la Palabra haga sentido en sus vidas. Dialogan, interactúan, la guardan, la preservan como un tesoro precioso.

Al aceptar, tal vez eso nos hable de un acogimiento genuino de la Palabra, una bienvenida que abarca su vida y le da nuevo rumbo, nueva significación y nuevo norte.

Al producir, revela lo que era más importante para el Sembrador. Fue Él mismo quien dijo, al terminar esa desafiante parábola, “él que tenga oídos para oír, que oiga”. “Escuchar” era el equivalente a “poner en práctica” la enseñanza, lo que recibió. Eso sería una comprobación de que uno de hecho la escuchó.

La buena tierra produce una cosecha variada (30, 60 e 100 por uno) y abundante. Al producir, cada una de esas semillas es ahora multiplicadora de la mudanza y de la vida en otros terrenos. ¿Qué otros? Ora, hay muchos otros como aquellos que al inicio de la historia estaban ansiosos, parados, a las orillas del lago.

Aquellos que buscaban son entonces llamados a ser la respuesta a muchos otros que también, en sus necesidades, siguen buscando.

(Continúa…)

Foto: © Tim Kahane 2006- 0138 Waiting in a field
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Reflexiones sobre el llamado de Abraham y nuestro llamado

David Bahena No Comments »

El llamado de Abraham registrado en Génesis 12 es un pasaje muy conocido. Lo hemos compartido con estudiantes y obreros en diferentes contextos, pero en esta ocasión quisiera aprovechar para compartir con todas las instancias del movimiento algunas meditaciones e implicaciones que se desprenden de esta reflexión con el único propósito de venir a la Palabra para alumbrar nuestro camino y bendecir nuestras vidas.

Pero Jehová había dicho: El llamado empieza con la Palabra de Dios.

El punto inicial de nuestro llamado, identidad y razón de ser está íntimamente ligado a la palabra de Dios. En el contexto de Génesis, los cielos y la tierra fueron hechos por la Palabra de Dios. El caos, el desorden y la decadencia, no tienen la última palabra porque siempre hay espacio para la irrupción de Dios y su Palabra. ¿Cuál es el lugar de la Palabra de Dios  en nuestra vida y el movimiento? ¿Cómo la Palabra viene a afirmar, enriquecer y guiar nuestro llamado? ¿Cómo la Palabra puede guiar, alumbrar el camino de cualquier proceso (transición, evaluación, renovación, visión) que inicie el movimiento?

Vete de tu tierra: El llamado implica rompimientos o ruptura.

Hay una dimensión de incomodidad que está ligada al llamado. Qué difícil es esto en nuestro mundo contemporáneo cuando un criterio de evaluación siempre es la comodidad y el confort. Se ha convertido en el proyecto de vida de muchos profesionales. ¿Hasta qué punto hemos sido infectados por este virus en nuestra vida y movimientos? ¿Será que  ya no hay obreros de largo plazo en los movimientos como fruto de esta dimensión? o ¿Cuándo en nuestros movimientos hay  escasez financiera será por qué nuestros graduados no quiere renunciar a su propia comodidad? ¿Cuál es el rol de una junta  y de obreros para modelar a las nuevas generaciones este tipo de llamado?

También se requiere de un cambio de mentalidad y cosmovisión. Movernos de Ur de los Caldeos a  Canaán, requerirá de una transformación en nuestra manera de sentir, pensar y evaluar. Como obreros y profesionales,  la sociedad siempre nos quiere imponer su cosmovisión para evaluarnos si vamos bien en la vida, los criterios de esta cosmovisión son claros: propiedades, carro, cuentas, viajes, etc. Curiosamente aún como cristianos cuando no cumplimos esos criterios nos sentimos frustrados, devaluados y hasta molestos con Dios. Y qué decir de las organizaciones  cristianas que muchas hemos importado los esquemas de evaluación de la empresa privada y lo único que nos interesa son los números y el resultado; y llegamos a  la conclusión de cuando los números escasean es porque Dios se ha ausentado. Necesitamos una profunda conversión y cambio de mentalidad a nivel personal y como organización, si hemos de vivir  a la luz del llamado del Señor. ¿Cuáles son las señales de crecimiento para una organización cristiana? ¿Cómo se debe autoevaluar, evaluar a un obrero y a una junta?

Haré de ti: El llamado crea y forma una nueva identidad.

Cuando Dios llama, a nivel personal y organizacional, el va construyendo una nueva identidad donde podemos vivir en plenitud. Los ciudadanos de Babel querían hacerse de un nombre, construir su propia identidad ajena a Dios. En nuestra sociedad, la nueva babel, ofrece título de ingeniero, doctor para aquellos que están escasos de identidad. ¿Qué implicaciones tiene esto para nuestros movimientos? ¿Cómo modelamos la identidad del reino de Dios, del llamado  a una generación, escasa, muy escasa de identidad? ¿Qué hay detrás de tantos aparatos electrónicos, de celulares, que nuestra generación busca, será acaso los símbolos de esta nueva identidad: aceptación, reputación, un nuevo nombre? Todavía no logro comprender como un estudiante puede gastar cien o hasta trescientos dólares en un celular, y luego decir que no tienen plata para un encuentro del movimiento.

Te bendeciré….a ti y a las naciones: El llamado es para bendecir.

Para los obreros es muy difícil entender esto, creer que Dios nos bendecirá. Llamado es para nosotros sinónimo de sacrificio, renuncia. Ni modo es el costo, decimos. Pero no nos damos cuenta que la finalidad del llamado de Dios es para bendecirnos, para encontrar la vida, para vivirla en plenitud.  El llamado no es maldición, es una tremenda, rica, abundante y profunda bendición. Sólo abierta y disponible  para aquellos que están dispuestos a caminar con Dios en obediencia y sin estimar como preciosa su propia vida. El que la pierde la encuentra, lo dijo Jesús. ¿Cómo vivimos el llamado como personas y organizaciones a la luz de esta confesión?

Mayordomos del llamado.

Ser buenos mayordomos del llamado no es cosa sencilla.  Por razones de espacio sólo hacemos una lista de experiencias y disciplinas necesarias en nuestra vida para mantener esa vivencia del llamado;

·         El encuentro con Dios, no sólo al inicio de llamado sino en el proceso…

·         Aprender  a dejar registro de nuestra vivencia con Dios.

·         Voltear hacia  al pasado  para ver su mano en mi historia.

·         La dimensión de la obediencia