Un poco largo pero, creo que será de bendición para aquellos que perseveraren en la lectura hasta el fin. Despues le vamos a publicar en la parte de recursos, deen una mirada.

Fuerte abrazo

Ziel

la simplificación de la vida

Por thomas Kelly

Nuestras vidas en la ciudad moderna se tornan demasiado complejas y llenas. Aún las obligaciones que consideramos absolutamente necesarias aumentan cada día y cuando queremos reaccionar ya estamos recargados de reuniones, cansados y apurados mientas cumplimos, en la condición de oprimidos, una rueda exhaustiva de compromisos. Estamos muy ocupados para ser buenas que si dejamos los compromisos para pasar algunas horas con la familia las responsabilidades ciudadanas nos susurran al oído perturbando el descanso. Las escuelas de nuestros hijos exigen nuestro interés, los problemas de la comunidad merecen nuestra atención; los temas más amplios de la nación y el mundo nos superan. El status profesional, las obligaciones sociales, la participación en tal o cual organización importante, todo eso reivindica nuestro tiempo.

Con una fidelidad frenética intentamos cumplir con los compromisos mínimos indispensables, aún así vivimos agotados y exhaustos. Reconocemos y lamentamos que nuestra vida se desvanece, mientras nos proporciona poco de la paz, alegría y serenidad que creemos debería recibir un alma superior. Los momentos para los profundos silencios del corazón parecen raros y al mismo tiempo con una tristeza culposa postergamos para la semana que viene la vida más profunda de la serenidad que no se avala en la santa presencia, allí donde sabemos que se encuentra nuestro verdadero hogar, eso claro porque esta semana está muy ocupada y corrida.

No debemos desperdiciar tiempo en una mera descripción del problema, y aunque a todos nos gusta sentir pena de nosotros mismos, no podemos apenas lamentar la pobreza de la vida víctima de la abundancia de oportunidades. Tampoco debemos apresarnos a tomar una solución en un impulso por hacer que hoy, por lo menos hoy, podamos mostrar progreso. Podar y recortar es necesario, pero no es algo para hacer precipitadamente, antes de podar el árbol es necesario caber un análisis del ambiente donde vive y de la savia que se alimenta.

Por otro lado creo que estamos dando una falsa explicación para la complejidad de nuestras vidas pues nos justificamos culpando a la complejidad del ambiente decimos: Todo se debe al mundo complejo en el cual vivimos donde se nos proporcionan más estímulos por hora de los que recibían nuestros abuelos. En términos de orden exterior nos lleva a desear una tranquila isla del Pacífico o por la existencia lenta y bucólica de nuestros bisabuelos. Sin embargo, puedo asegurarles, pues ya viví un año en una isla del Pacífico, que los occidentales llevan para allá la misma existencia impulsiva y febril que vivían antes. La complejidad de nuestro programa no se debe a la complejidad del ambiente en el cual vivimos y tampoco la simplificación de la vida seguirá la simplificación del ambiente. Confieso que sufrí terriblemente durante el año que viví en Hawai justamente porque en algunos aspectos el ambiente era demasiado simple.

Nosotros los occidentales tendemos a pensar que nuestros problemas son externos, ambientales. No tenemos experiencia en la vida interior donde están las verdaderas raíces de nuestros problemas. Quiero sugerir que la real explicación, para la complejidad que muestra el programa, sea interior y no exterior. Las distracciones exteriores de nuestros intereses reflejan la falta de integración de nuestro ser.

Queremos ser varios egos al mismo tiempo sin que esos egos estén organizados por una única y soberana vida dentro de nosotros. Todos tenemos la tendencia a ser no un único ego y si un comité de egos. Hay un ego cívico, un ego paterno, un ego financiero, un ego religioso, un ego social, un ego profesional, un ego literario. Cada uno de esos egos, por su vez es explícitamente individualista, pues no coopera, al contrario, llegada la hora de la votación, se manifiesta a los gritos en si mismo.

Muchas veces seguimos el método electoral para llegar a una rápida decisión entre las voces internas que crean conflictos. Parece que tuviésemos un presidente de comité que no integra los muchos egos pero cuenta con los votos y deja a la minoría insatisfecha. Claro que los reclamos de cada ego no dejan de existir. Por ejemplo, si aceptamos servir en la comisión de una obra social, continuamos sintiendo remordimiento por no poder enseñar en la iglesia. No somos integrados, nos sentimos angustiados; sentimos el clamor de muchas obligaciones e intentamos cumplirlas a todas.

Hacemos de todo y aún así continuamos infelices, tensos, oprimidos y con miedo de ser superficiales. Desde el margen de la vida viene un susurro, un apelo indistinto, un presagio de una vida más rica que la que vivimos y que estamos dejando escapar. Aún cuando estamos siendo contorcidos por el ritmo loco de nuestros quehaceres exteriores, somos incomodados por una inquietud interior, ya que, no dejamos de recibir sugerencias de la existencia de un estilo de vida más rico y profundo donde reina serenidad, paz y poder.

¡Ah, si pudiésemos pasar por aquel centro y descubrir el silencio que es el origen del sonido! Conocemos algunas personas que parecen haber descubierto ese centro profundo donde los clamores insistentes de la vida son integrados, donde un no ó un si puede ser pronunciado con absoluta confianza. Ya hemos visto vidas así, integradas, tranquilas en medio a las decisiones difíciles. Vidas alegres, vigorosas y positivas. No son vagos o perezosos, tampoco están absortas por profundas meditaciones; cargan un fardo tan pesado cuanto el nuestro, pero lo hacen a pasos leves, sin abatimientos o irritaciones. Su vida cotidiana está cercada por una aureola de infinita paz y poder de júbilo. Nosotros somos tensos e inquietos, ellos son equilibrados e llenos de paz.

Si la Sociedad de Amigos (los Quakers) tiene algo a decir, es justamente en esta área; la vida debe ser vivida a partir de un centro, el Centro Divino. Cada uno de nosotros es capaz de vivir una vida de estupendo poder, paz y serenidad; una vida de integración, confianza y multiplicidad simplificada, claro bajo una condición: Que sea eso lo que realmente quiere.

Todos tenemos un Abismo Divino, un Centro infinito, un Corazón, una Vida que nos habla y a través de nosotros para el mundo. Todos ya escuchamos este susurro santo, a veces seguimos el susurro y se produjo un espantoso equilibrio de vida, una estupenda eficacia. Sin embargo, muchos de nosotros atendemos a esta voz apenas esporádicamente. Sólo de vez en cuando nos sometemos a esa Santa orientación. No hemos considerado esta cosa santa como la cosa más preciosa de este mundo. No abrimos mano del resto de las cosas para atenderla sólo a ella. Quisiera repetirlo: La mayoría de nosotros no hemos abandonado todas las otras cosas para atender al Santo que está dentro de nosotros.

John Woolman (sastre quaquer del siglo XVIII, cuyo diario es un clásico de la espiritualidad) atendió al llamado. Él resolvió organizar sus quehaceres exteriores de tal manera que pudiese estar, en todo momento, atento a aquella voz. Simplificó su vida a la base de su relación con el Centro Divino. No había otra cosa más valiosa que la atención a la raíz de toda su existencia, y dentro de si mismo es donde la descubría. El descubrimiento Quaker son justamente los susurros de orientación, amor y presencia Divinos más preciosos que el cielo y la tierra. John Woolman nunca permitió que las exigencias de su negocio superasen sus necesidades reales. Cuando llegaban muchos clientes él los mandaba a otro lugar, a comerciantes y sastres con más necesidades. Su vida exterior se simplificó sobre la base de una integración interior. Descubrió que podemos ser hombres y mujeres guiados desde el cielo, en respuesta se rindió completamente y sin reservas a esa orientación, se mantuvo acogido, próximo al centro.

Ya dije que la vida exterior de John se tornó simplificada y adrede use la voz pasiva pues para él no fue necesario luchar para renunciar o se esforzar para alcanzar la simplicidad; simplemente se rindió al centro y su vida se tornó simple. Su vida era sinóptica, había simplicidad de visión: Si tu ojo es simple, todo tu cuerpo se llenará de luz. Sus muchos egos se integraban en uno solo, un ego verdadero cuyo único objetivo era el de andar humildemente en la presencia y orientación de la voluntad de Dios. Nada de derrotas electorales de una minoría de egos frustrados. Era como si hubiese un presidente que en el silencio solemne de su interior captase el consenso de la reunión. Yo diría que el método Quaker de conducir las reuniones administrativas también se aplica individualmente a nuestras vidas interiores. El Santo observaba la vida interior de John Woolman como Jesús observó a las personas que colocaban sus ofrendas en el templo.

Debajo de la mirada silenciosa de aquel que es Santo estamos todos, siendo concientes de esto o no. En el centro, en el abismo donde habita lo eterno, en lo más profundo de nuestro ser: Los programas, las donaciones y ofrendas de tareas realizadas están siendo evaluadas constante y repetidamente. No podemos decirle no a ellos porque parecen tan importantes. Sin embargo, si nos centramos y vivimos en el silencio, que es más precioso que la misma vida, y llevamos con abertura total los programas para los lugares silenciosos del corazón y nos prontificamos a hacer o a renunciar al hacer según Su dirección, muchas de las cosas que hacemos perderán su importancia.

Me gustaría contarles mi experiencia personal como fruto de la gracia puesto que la evaluación de lo que hacemos o dejamos de hacer la realizamos nosotros mismos, y es ahí donde nos damos cuenta lo que podremos hacer y lo que podremos dejar de hacer.

Quiero hablar con mucha intimidad y seriedad al respecto de Aquel que es más precioso que la vida. ¿Será que quieres vivir la vida, cada momento de ella, en Su presencia? ¿Tú lo deseas y suspiras por Él? ¿Amas Su presencia? ¿Cada gota de sangre de tu cuerpo Lo ama? ¿Cada suspiro es una oración, una alabanza para Él? ¿Cantas y bailas en tu interior mientras se regocijas en Su amor? ¿Estás dispuesto a entregarte para que Él sea tu dueño, mientras caminas en santa obediencia?

Sé que estoy hablando como un evangelista de los viejos tiempos, pero no me puedo controlar, ni puedo ser correcto y convencional. Ya hemos vivido mucho tiempo siendo correctos y reprimidos. El fuego del amor de Dios, del amor que nos da y del que recibe de nuestra parte, está quemando fuerte. ‘Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente y con todas tu fuerzas.’ ¿Será que lo amamos así? ¿De nuestras mentes sale un flujo constante de amor en dirección a Dios, durante todo el día? ¿Intercalamos el trabajo con oraciones y alabanzas a Él? ¿Vivimos firmes en la paz de Dios? ¿Tenemos paz en el fondo de nuestra alma donde ya no hay tensiones y Jesús vence sobre el mundo y sobre nuestras debilidades?

Esta vida impregnada de paz continua, duradera e infalible, este poder sereno, esta conquista interior sobre nosotros mismos junto con la conquista exterior sobre el mundo, todo esto es para nosotros. Se trata de una vida libre de tensiones, ansiedades y urgencias porque hemos recibido algo de la paciencia cósmica de Dios. Nuestras vidas serán inavalables porque estamos plantados sobre la roca arraigados en el amor de Dios. Este es el primero mayor mandamiento.

¿Quieres vivir en una presencia divina tan estupenda que la vida es transformada, transfigurada y transmutada en paz, poder, gloria y milagro? Si lo quieres, esto es posible, pero si tu respuesta es negativa y dices que no tienes tiempo para alcanzar los silencios recreadores, sólo puedo responder: ‘Tu no quieres realmente, tu no amas a Dios sobre todo el resto del mundo, no lo amas con todo tu corazón, alma, mente y fuerza.’Aún cuando pasamos por momentos de mucha presión como enfermedades familiares o cuando los hijos son pequeños, en esos momentos todavía descubrimos tiempo para lo que realmente queremos hacer.

Deseo ser drástico en lo que se refiere a desenmascarar cualquier fingimiento en la cuestión de la devoción y simplicidad del amor de Dios. Pero tengo que confesar que no lleva tiempo y tampoco complica su programación. He descubierto que una vida de susurros de adoración, de alabanza y de oración puede empapar, invadir el día. Es posible tener un día muy cargado en el sentido exterior y mismo así estar continuamente en la Santa Presencia. Claro que es necesaria de media a una hora de lectura y reflexión. Inclusive podemos llevar los silencios recreadores dentro de nosotros casi todo el tiempo. Con alegría leo al hermano Lourenço (hermano francés, laico del siglo XVII) en su práctica de la presencia de Dios. Al final de la cuarta conversación él dice: ‘Nunca estuve ansioso u ocioso’, sin embargo hacia todo a su tiempo y con una serenidad incesante y un espíritu tranquilo. Según sus palabras, la hora de negocios no difiere de la hora de oración, y en mi ruidosa cocina con varias personas pidiendo cosas al mismo tiempo, Dios está en mi corazón con la misma tranquilidad como si estuviera arrodillado recibiendo el sacramento. La verdadera razón para no recogernos y no centrarnos en Dios no es la falta de tiempo, parece que en muchos de nosotros es la falta de un placer entusiasta en Él. Se trata de la ausencia de un profundo amor dirigido a Él en todo momento del día y de la noche.

Debe quedar claro que estoy hablando de un estilo revolucionario de vivir. La religión nos es algo que sumamos a nuestras tareas para dejar la vida más compleja. La vida con Dios es el centro de la vida, el resto es moldeado e integrado de acuerdo con esta realidad. Es esto lo que otorga simplicidad de visión.

Lo más importante no es estar siempre pasando vasos de agua fría a un mudo sediento. Es posible que estemos tan ocupados intentando cumplir el segundo grande mandamiento, ‘Amarás a tu prójimo como a ti mismo’, que nos quedamos subdesarrollados en nuestra devoción a Dios. Pero recordemos que deberíamos amar a Dios tanto cuanto al prójimo y estas cosas deberíamos hacerlas sin dejar una u otra por la mitad.

Hay un estilo de vida tan oculto con Cristo en Dios que en el medio de lo quehaceres diarios interiormente podemos elevar breves oraciones, eyaculaciones¹ de alabanza, susurros de adoración al que siendo infinito está dentro de nosotros. No hay necesidad de que otros se sepan. Es posible vivir en un estado casi continuo de oraciones silenciosas, oraciones con respeto a Dios y con respeto a las personas y emprendimientos que están en nuestro corazón. No es necesaria la urgencia, vivimos una vida indivisible y llena de gloria, un mundo interior de esplendor donde aunque somos indignos, podemos vivir. Algunos ya lo conocen y viven en este mundo, los otros que lo desean ardientemente deben saber que también pueden tenerlo.

Desde el Centro Santo vienen los encargos de la vida. La comunión con Dios desemboca en una preocupación mundial. No podemos guardar el amor de Dios sólo para nosotros. Ese amor transborda, nos aviva y nos hace ver las necesidades del mundo. Amamos a las personas y nos afligimos al verlas ciegas cuando podrían ver; ellas se encuentran adormecidas con todos las comodidades del mundo cuando deberían estar despiertas y viviendo sacrificadamente; aceptando los bienes del mundo como si tuviesen derecho cuando en realidad les fueron confiados temporariamente.

La necesidad más grande de los hombres no es la comida, la ropa o el abrigo, aunque sabemos que todas esas cosas son importantes; la necesidad más grande es Dios. Nos equivocamos sobre la naturaleza de la pobreza cuando pensamos que es económica, la pobreza viene del alma fruto de la privación de la paz recreadora de Dios. Los esquemas que creamos para la salvación económica no suplen las necesidades más profundas. Son importantes pero constituyen un segundo paso en el camino de la reconstrucción mundial. El primer paso es una vida santa, transformada y radiante de la gloria de Dios.

Este amor por las personas es casi tan estupendo como el amor a Dios. ¿Queremos ayudar a las personas porque tenemos pena de ellas o porque realmente las amamos? El mundo necesita algo más profundo que la pena, necesita de amor, esta frase parece muy banal pero: ¡Cuán verdadera es! En nuestro amor por las personas ¿Seremos apurados, englobando todos los hombres y las tareas en nuestra preocupación amorosa? Claro que no, esta es una función que cabe a Dios; sin embargo, si el trabaja nuestras vidas dividirá su preocupación y nos dará a cada uno de nosotros la porción debida. Esta será, entonces nuestra tarea. La vida que surge del Centro es una vida dirigida al cielo.

Buena parte del problema de aceptar una multitud de obligaciones surge de la incapacidad de decir ‘no’. Vemos una tarea a realizar y no hay nadie para hacerla, en ese momento calculamos nuestro tiempo y decidimos que tal vez podemos incluirla entre los quehaceres. La decisión parte de la cabeza y no del santuario del alma. Cuando decimos si ó no con esta base tenemos que dar razones para nosotros mismos y para los otros. Pero cuando decimos si ó no sobre la base de la orientación interior y los susurros del incentivo del Centro, o sobre la base de la total ausencia de una elevación de nuestro ego o elevación del interior de la vida que pueda llegar a encorajarnos erróneamente; no tenemos razones para dar a no ser una: Hemos discernido la voluntad de Dios. De esta forma comenzamos a vivir sobre la orientación divina.

He descubierto que Dios nunca nos guía a vivir un frenesí intolerable. La Paciencia Cósmica se torna en parte, nuestra paciencia, pues Dios está obrando en el mundo. Recordemos que no trabajamos solos en el mundo intentando desesperadamente terminar una obra que será ofrendada a Dios.

La vida del Centro es una vida de paz y poder. Es simple, serena, estupenda, triunfante y radiante. No ocupa tiempo y simultáneamente ocupa todo nuestro tiempo. Esta vida renueva nuestros programas, ya no necesitamos andar frenéticos porque Dios es el timonero. Y cuando termina nuestro día podemos dormir en paz porque todo está bien.

  1. Traducimos la frase ´eyaculaciónes de alabanza´ de forma literal y fiel al texto en su original en ingles en respeto al deseo del autor de usar dicha expresión.

Extraído de ‘A Testament of Devotion’. New York. Harper and Brothers, 1941.