Cresciendo como líder

Ziel Machado

‘Confía en el Señor de todo corazón, y no en tu propria inteligencia. Reconócelo en todos tus caminos y él allanará tus sendas. No seas sabio en tu propia opinión; más bien, teme al Señor y huye del mal. Esto infundirá salud a tu cuerpo y fortalecerá tu ser.’ Proverbios 3.5-8

Estos versos de la Escritura Sagrada son para mi como freno contra las fuerzas que operan em mi y que son animadas por una parte significativa de mi formacion. Los muchos años de estudio siempre buscaron hacerme confiar en mi propia inteligencia, seguro de mi propia opinión al punto hacerme creer que en mi estaba la capacidad de escoger mis caminos, y en mis habilidades la sabiduría para enfrentar el mal.

Los varios años de escuela no me eseñaron a reconocer a Dios y mucho menos sus caminos. Muchos de los caminos que me parecían buenos, al final no lo eran y el mal se mostró mas grande de lo que yo podría imaginar. No sólo estaba fuera de mi, para mi sorpresa, también dentro de mi era (y es) una realidad. Asi, las consequencias históricas desta realidad no trajo salud a mi cuerpo, a mis relaciones y a mis decisiones.


Tantos equivocos trajeron inseguridad a mi ser y en base a eso uno empieza a trabajar. Creamos máscaras para tapar nuestra inseguridad, varios diplomas y títulos, esa busqueda por posiciones de prestígio, discusiones necias vividas con tanto ímpetu como si mi vida estuviese en riesgo si mi argumentación no prevaleciese.

No debemos crear una diferencia, innecesaria, entre el Dios de la creación y el Dios de la rendención, porque es el mismo Dios. Así, el Dios que en nuestra creación nos proporcionó habilidades y capacidades, luego en nuestra experiencia de ser redimidos nos capacita con dones para el servicio de la gloria de Su nombre. No entanto veo en mi la tendencia de hacer de mis habilidades y capacidades naturales, otorgadas por Dios y desarolladas en los años de estudio, el primer marco referencial para acercarme a los problemas que demandan solución.

El problema es que el día de hoy (quizás siempre) lo que necesitamos es más que conocimiento, necesitamos sabiduría. Nuestros pueblos Latinoamericanos, no sólo necesitan más profesionales, más dinero, mejores estructuras y políticas transparentes; también necesitamos de sabiduría. Todos estos recursos no nos aseguran que las soluciones a nuestros problemas seran alcanzadas (la corrupción es una prueba de lo que estoy diciendo). Necesitamos de un tipo de sabiduría que este relacionada al temor del Señor, una sabiduría de traiga vida, salud al cuerpo y que fortalezca nuestro ser (individual y colectivo).

Quizás la presión que sufrimos para presentar respuestas a los problemas que crecen sobre nuestro escritorio, o la necesidad de defender nuestro liderazgo, o el esfuerzo para esconder nuestra inseguridad, nos hacen responder con base en nuestra ‘propia fuerza’; confiando en nosotros mismos con el autoengaño de conocer los caminos seguros en nuestra propia opinión. ¡Lamentablemente, ya conocemos los resultados de esa práctica!

¿Cómo podemos demostrar en nuestras vidas que somos agradecidos a Dios por las habilidades que Él nos ha dado, por el privilegio de haber estudiado y haber podido desarollar lo que Él mismo nos dio? ¿Cómo podemos asegurarnos que toda la capacitación que hemos recebido está a servicio de la tarea principal que es: confiar en el Señor y reconocerlo en nuestros caminos? Nuestras habilidades no son la ‘primera palabra’ (para usar una expresión de la hermenéutica).

Eso nos hace pensar en la manera como nos desenvolvemos en nuestro día a día, que cosa priorizamos en nuestros quehaceres, cómo llegamos a nuestras conclusiones, dónde colocamos nuestras expectativas y cómo ellas surgen. ¿Cómo introduzimos cambios y propuestas y cómo evaluamos nuestro trabajo y nuestro equipo?

Pensando en la realidad de la misión en Latinoamérica y en el rol que nuestros movimientos desempeñan, en sus dinámicas internas (con posibilidades y limitaciones) debemos preguntarnos: ¿Cómo hemos reconocido el Señor en nuestros caminos? ¿Lo hemos reconocido? Este es un desafio particular y colectivo también. ¿Estarían nuestras decisiones produciendo salud a nuestro cuerpo en misión, lease movimientos nacionales? ¿Los temas de trabajo, lucha y tensión fortalecen a nuestro ser colectivo en misión?

Quizás a estas alturas ustedes deben estar preguntandose si no estoy yendo muy lejos en mi esfuerzo devocional / hermenéutico con ideias de cuerpo y ser colectivo (de y)en misión, los invito a que pensemos en cómo hemos caminado como indivíduos y como colectividad. Somos parte del proyecto de Dios de alcanzar estudiantes en el mundo, como una de las muchas expresiones de su iglesia, somos resultados de Su corazón que no quiere que nadie perezca sino que todos se arrepientan (2 Pedro 3.9).

Esto significa que somos parte de Su sueño, de Su proyecto, de Sus planes. Lo que me llama la atención es que nuestro esfuerzo misionero, nuestro esfuerzo de conduzir los movimientos nacionales no puede estar basado en una simples aplicación de buen conocimiento (en sus mas diversas manifestaciones y posibilidades) que hemos adquirido en nuestra experiencia formal de educación. No estamos buscando un certificado de calidad en misión. ¿No es cierto certo? Nuestra experiencia ministerial debe hacer uso de todo lo que hemos podido aprender pero, todo eso, debe estar a servicio de un conocimiento que se caracteriza por la: confianza en Dios, sabe reconocerlo a Él en todo camino, teme al Señor, huye del mal; sospecha de nuestra propia inteligencia, no es sabio en su propia opinión.

¿Cómo organizamos nuestros programas de capacitación? ¿Cúales son los objetivos? ¿Cuáles son las señales que se observan en nuestro liderazgo (en todos lo niveles) através de los años que lo llevan a reconocer que su confianza en Dios ha crecido? ¿El resultado de las tensiones internas son la salud y la fortaleza? ¿Cómo reconocer a Dios en nuestros caminos en tiempos de tanta prisa? ¿Dónde nacen nuestras conviciones, nuestras opiniones? ¿Cómo manifestamos nuestro compromiso de huir del mal, en nuestro uso del poder o en la dimensión privada de la vida cuando el mal es tan atraente? ¿Cómo evitamos los caminos largos optamos por los caminos más cortos que el mal nos ofrece para lograr lo que queremos?

Bueno, aquí estoy en mi tiempo devocional, sacudido por la Palabra y después de haber orado, quise compartir con ustedes esta primera reacción al texto por medio de la muchas preguntas que inundaron mi corazón en este momento. Sería lindo tener tu compañia em esta caminata, disfruto mucho de los tiempos em que es posible estar juntos delante de la Palabra.

Tienes toda la liberdad para contestar, corregir y enviar tus propias percepciones y palabras de orientación a su servidor, deseo mucho crecer en este otro tipo de sabiduría, este poder que saca a los muertos de la tumba. Vivimos cercados de muchas expresiones de muerte en América Latina asi como en muchas otras partes del mundo y de palabreria nuestro pueblo está lleno, asi que necesitamos ministrar con esta sabiduría que trae salud al cuerpo y fortaleze nuestro ser.

Creo que el texto de Proverbios nos muestra el camino para estos interrogantes; confia, reconócelo, teme y huye. En otra oportunidad podemos seguir pensando en estas palabras, por ahora recibe mi abrazo, estoy orando por ti y por tu movimiento nacional.

Su amigo y servidor

Ziel Machado