El dia del Medio Ambiente
Ziel Machado June 6th. 2008, 9:42pmQueridos amigos y amigas
Hace dos dias celebramos el dia del Medio Ambiente, mi gran amigo Claudio Oliver, publicó en su blog unas reflexiones muy pertinentes (http://naruacomdeus.blogspot.com), yo le pedi permiso para compartir con ustedes su reflexión. Claudio es, antes de todo, un querido amigo a quien admiro, es también esposo, padre, odontólogo, educador y pastor. Su ministério es para mi, una fuente de renovación y aprendizado. Claudio fue miembro de la Junta Nacional de ABUB. Espero que ustedes tambien puedan ser animados por esta reflexión.
Gracias amigo Claudio por compartir, gracias a Dios por tu vida, amistad y ministério!
Ziel
Hoy es el día del Medio Ambiente.
Es raro llamar “medio ambiente” a lo que otros llamábamos Naturaleza. La naturaleza es poética, se puede admirar, exaltar, ella deslumbra ante los ojos. Nadie dice “cuan bello es este medio ambiente” al estar delante de cataratas o de un verde deslumbrante; o nadie llama amorosamente madre al medio ambiente. Nombrar a la naturaleza como medio ambiente continúa siendo una sutil forma de poner al hombre en el centro, y no como parte de ella; en esta se convierte en el medio que le rodea, que le sirve, que puede ser - como dice la propaganda local del partido verde - “dañado en algún grado en beneficio del desarrollo”. De la naturaleza somos parte, somos un enlace y un miembro de la familia, con ella formamos parte de la creación. Del medio ambiente somos dueños, al que controlamos y administramos, o al menos tenemos la ilusión de creer que lo hacemos.
Como me recuerda mi amigo Norbert Schmidt: “Podríamos avanzar un paso más en esta reflexión una vez que el concepto de naturaleza sea también un concepto moderno. Solamente en la época renacentista la naturaleza empezó a adquirir “personalidad”. El concepto de naturaleza sustituyó a otro concepto, ya citado anteriormente, el de la creación”. Al conceptualizar a la naturaleza como obra de la creación, señalamos hacia un creador, una realidad más allá de sí misma, algo que no surge de la nada, sino a partir de la voluntad de otro. Solamente con el Iluminismo el occidente tuve problemas acerca del “más allá de sí mismo”. La raíz de la palabra naturaleza viene de nacer y del sustantivo natura, que significa nacimiento, carácter, ser; pero la naturaleza no tiene una existencia autóctona, ella debe su nacimiento, existencia y carácter a otro ser, en ese caso al creador, a quien rinde cuentas.
Sea lo que sea, creación, naturaleza o medio ambiente, son las víctimas de un proceso de culto y adoración irresponsable. Se adora al dinero por encima de todo, para esta adoración se crea una religión, y la religión del dinero es el consumo, y éste tiene su venerada entidad omnipresente cuyo nombre es ‘el mercado’. La realidad es que les adoramos y en ellos depositamos todas nuestras esperanzas, es de ellos que esperamos provenga nuestra paz, que nos proporcione alegría. Son ellos quienes dirigen nuestro trabajo y actividad. En sus templos, llamados ‘Shopping Centers’, ejercemos un culto enloquecido basado en comprar y mostrar el poder del dios dinero. En ellos encontramos todo lo que puede darnos “paz”; aquí las familias caminan juntas a pasear, tienen acceso a los bienes que les traerán gloria y gozo eternos (mientras duren), e incluso, en ellos encontramos el sentido de comunidad, mismo que con sentido impersonal. Todo parece perfecto en el reino del mercado. Hasta los baños son lindos y limpios, y la seguridad es total. Esta “adoración irresponsable” tiene mucho que ver con el hecho de que la naturaleza fue cambiada por algo sobre lo que ya no hay más rendición de cuentas para un creador. Todo cobró vida en sí mismo, sacralidad en sí. Todo parece sólido e inmutable.
En este punto se podría aplicar la máxima de Marx “Todo lo sólido se desvanece en el aire, todo lo sagrado es profanado, y el hombre finalmente se ve obligado a afrontar sin ilusiones las condiciones reales de su existencia”, pues la solidez del sistema y del culto del mercado se muestra frágil y susceptible; debajo de la superficie del reino del mercado, de la adoración del dinero y de la religión del consumo, las señales son evidentes: existe una enorme putrefacción que no le proporciona la menor sostenibilidad. Así como el roble sagrado de Thor, que parecía resistente y eterno pero que estaba podrido y carcomido en su interior - lo que fue percibido por Bonifacio que le dio un golpe certero con el hacha y lo lanzó al suelo despedazándolo en cuatro pedazos, mostrando su putrefacción y llevando muchos a la fe en el único Dios verdadero - precisamos de serenidad y visión para percibir la putrefacción de las divinidades que nos engañan.
Hoy, en el día del medio ambiente, en el día de la Naturaleza, creo que es bueno poner las cosas en perspectiva y recordar que el mundo nos ofrece dioses que parecen sólidos, pero que están podridos, que proponen felicidad, mas al costo de destruirse y pudrirse, de generar basura en cantidades no administrables, de tirar en la atmósfera el carbono que Dios (sin Dios, quién cuida de la naturaleza!) tomó millones de años para poner miles de metros debajo de la superficie y hacer de éste un jardín habitable para el ser humano, y que nosotros lanzamos de vuelta en el aire en menos de cien años de avaricia. Necesitamos tener ojos para ver donde golpear con el hacha a este ídolo y lanzarlo al suelo. Y podemos, casi diría debemos, orar y pedir a Dios que levante entre nosotros no solamente ambientalistas del momento, pero desafiadores de los dioses que destruyen la naturaleza y que, esencialmente, hacen inhabitable el lugar que Dios escogió para coronar a su creación.
Que Dios tenga misericordia de nosotros en este día y que podamos, como Bonifácio, tener ojos para ver, coraje para empuñar el hacha y fuerza para golpear.
Claudio Oliver (http://blog.docaminho.com.br)