(Serie Anécdotas Agronómicas - I)

¡Yo me enamoré de un texto bíblico en un congreso científico! Les cuento como eso pasó. Tuve que llegar antes para asegurar un asiento en el auditorio. El Dr. Warwick Estevam Kerr estaba por dictar una conferencia en el Congreso Brasileño de Genética. Era 1990, en una pequeña ciudad del interior de Minas Gerais. De todas partes llegaban estudiantes y profesores para oír aquel que traía consigo una envidiable reputación de científico brillante.

Con el propósito de hablar de la biodiversidad, que era el tema de su charla, ¡Dr. Kerr nos deleitó con una exposición de la parábola del sembrador! Ahí estaba un respetado genetista dejándonos estupefactos en su desembarazo para hablar de ciencia usando la sabiduría de los evangelios.

Creo que el capítulo 4 del evangelio de Marcos, dónde encontramos esa parábola, es el capítulo agronómico por excelencia. Antes que pienses que estoy siendo tendencioso por defender la clase agronómica, observe que, en esa sección de las Escrituras, Jesús nos cuenta tres parábolas sobre las semillas como metáforas del Reino.

Dr. Kerr es un hombre brillante, pero también muy sencillo. Recuerdo con cariño su deferencia al hacer comentarios acerca del trabajo científico que yo, un joven y bien inexperto estudiante, presentaba. Aun que él conociera mi padre ya por algunas décadas, fue fácil reconocer que su atención no fue debida a esa, digamos, conexión familiar.

Bastaba para eso ver cómo él pacientemente visitaba cada stand, y la manera con que él hablaba con cada estudiante como si fuera un compañero de larga fecha en la labor científica. El saber no le había subido la cabeza. Preguntábamos entonces si podría haber otra lección que él nos podría dar. Y él lo hacía.

Él era alguien que proponía cuestiones ingeniosas, provocativas, ayudándonos a ver facetas de la investigación que antes no nos habíamos dado cuenta. O sea, su ayuda venía más a través de sus preguntas y provocaciones de que a través de recetas que pudiera darnos.

Fue así que ese profesor universitario, un científico bien respetado en todo el mundo, me ha llevado a una pasión por algunas parábolas de las Escrituras.

Hablo del maestro, y de cómo me inspiró, quizás en un sencillo homenaje, antes de compartir con ustedes algunas breves reflexiones acerca de las semillas y del Reino, en una serie de estudios a las que nombro “anécdotas agronómicas”. ¡Hasta la próxima semana!


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