(Serie Anécdotas Agronómicas - IV)

El Reino de Dios una vez más es comparado a un hombre que siembra la semilla en la tierra (Marcos 4:26-29).

Al volver a hablar del trabajo como metáfora del Reino, Jesús nos comunica que la idea del esfuerzo que uno pone para producir algo es un concepto importante en el Reino de Dios.

El trabajo no es fruto del pecado, de la Caída. El trabajo ya estaba antes, en la mente y designios de Dios para la raza humana. En el inicio, Dios puso la humanidad en un jardín, para que “lo cultivara y lo cuidara” (Gen 2:15).

Lo que pasa ahora después del pecado y de la desobediencia crucial del hombre y de la mujer es que el trabajo pasa a ser un proceso que nos costará mucho (Génesis 3: 17). Habrá que trabajar duro (Gen 3:19) y muchas veces el trabajo parecerá un esfuerzo en vano (Eclesiastés).

En ese contexto del cotidiano de nuestras vidas en que la experiencia del trabajo es muchas veces algo frustrante, cómo es importante escuchar las palabras de Jesús que rescatan el valor y la importancia del trabajador y de su esfuerzo.

Aún más importante cuando vemos el tamaño de la tarea delante de nosotros, el mucho que hay por hacer, y los obstáculos en el camino. Esas palabras de ánimo son aún más vitales cuando reconocemos la enormidad de la tarea, del mucho que hay por hacer, así como de los muchos obstáculos en el camino.

Ahora, un énfasis en nuestro esfuerzo y en el trabajo de nuestras manos no puede hacer con que creamos que todo el poder y la responsabilidad estéan en ellas, en nuestras manos. Pensar así nos llevaría a la arrogancia y a la autosuficiencia.

“Noche o día”, estando él “dormido o despierto” (Mc. 4:27a), vemos que lo que determina el fruto no es nuestro esfuerzo (“dormido o despierto”) ni tampoco las circunstancias (“noche o día”).

No hay que cargar una responsabilidad o peso más grande de lo que nos cabe o de lo que podemos llevar. Es cierto que eso nos arrastraría a una experiencia de culpa, desanimo, cansancio y frustración.

También previne que pensemos que hay que esperar por las circunstancias supuestamente ideales o más adecuadas para nuestro trabajo y esfuerzo. Infelizmente, esas “circunstancias ideales” nunca llegan, sin hablar de que podemos nos equivocar en su evaluación.

“La semilla siempre nace y crece” es un consuelo importante y una esperanza firme en un poder que no está en nuestras manos. “La tierra da fruto por sí sola”, o, en otra versión, “la semilla siempre nace y crece” (Mc. 4:28a). Esa certeza es un consuelo importante y una esperanza firme en un poder que no está en nuestras manos.

(Continúa…)

Foto: © Jon Block - Goldsmith
Upload feito originalmente por Jon Block