(Serie Anécdotas Agronómicas - VIII)

“…las aves pueden anidar bajo su sombra” (Mc. 4:32)

Lo que tuvo su inicio en el cuidado, protección y amor de las manos de quien sembró, al fin también produce bendición para otros.

¿Tendría el que era pequeño llegado a ser grande e importante? Sí, pero vea bien que eso se dio a través de ciertos criterios. Ellos son el del servicio y de la adecuación al su llamado.

Primero, el servicio. Si algo no servir para bendecir a otros, entonces para nada sirve. Como tantas otras cosas en el Reino, aquello que se retiene, se pierde. Aquello que se gasta y se invierte en la vida de otros, al contrario, tiene grande provecho.

Segundo, la adecuación a su propuesta o llamado. No se puede esperar de una hortaliza lo que solo un roble puede ofrecer. Siempre es preciso revisar las expectativas para chequear si ellas están en sana perspectiva.

Concluimos esa serie volviendo al interludio entre las parábolas agronómicas (Mc. 4:21-25), que nos revela que aprendizaje tiene que ver con responsabilidad.

¿Qué hacemos con lo que aprendemos? ¿Qué alguien debe hacer con algo precioso que recibe en sus manos?

La metáfora de la luz nos habla de diligencia. Por eso la aseveración “el que tenga oídos para oír, que oiga”. Si escucharon, si aprendieron, pongan en práctica, asuman responsabilidad por lo aprendido, multiplicándolo.

El criterio una vez más será el beneficio de muchos. Pongan la luz en “un lugar apropiado”, para que ilumine bien, para que llegue a más gente, para que ella sirva a un propósito útil.

Jesús concluye indicándonos que responsabilidad rima con generosidad (Mc. 4: 24-25). En una primera lectura, suenan difíciles esas palabras de Jesús cuanto al principio de la reciprocidad.

Tal vez aceptemos más fácilmente esa lógica cuanto a los juicios. Si somos duros al juzgar, así también seremos juzgados. Parece razonable. Además, pensando bien, también parece bien justo que la reciprocidad sea aplicada a la generosidad.

O sea, si somos generosos al dar y ofrecer, aún más nos será dado. Ese recibido también será ofrecido y así sucesivamente sigue el ciclo. Observe que es algo distinto de la sutil, aun que terrible, distorsión de la “teología de la prosperidad”, donde el enfoque se da en la codicia de querer ganar y acumular, algo revertido para sí mismo y su propio beneficio.

Como todas las parábolas agronómicas nos confirman, la perspectiva debe ser la de producir, multiplicar y bendecir. Cuanto más damos, más recibimos, y es claro que eso demandará un proceso de madurez y crecimiento en la fe.

Así concluyo lo que parecía una interminable serie de pequeñas reflexiones sobre el capítulo más agronómico de todos. Si algo le fue útil, aplique la lección. Sea generoso al repartir, cultivar, mejorar, hacer crecer y profundizar lo que apenas fue plantado. Cuantas más cabezas y manos pensaren y trabajaren juntas, más chances la rima del título tendrá de funcionar.

Foto: © Sunset, upload feito originalmente por surplus-to-requirements-stan.