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Una estudiante de CBU Uruguay en Polonia

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La Comunidad Bíblica Universitaria (CBU)del Uruguay se alegra con la oportunidad que se dio para que una estudiante uruguaya participe del evento de formación estudiantil de IFES Europa, el “Student Leadership Formación 2009″, en fines de julio e inicio de agosto.

Ella es Romina Legarra, una estudiante de Arquitectura de 20 años, que se sumó al trabajo de reestructuración de la obra estudiantil en Uruguay al inicio de 2008, cuando junto a un compañero asumió el liderazgo de uno de los 4 grupos de CBU que se armaron en las facultades de Montevideo. En su grupo vienen participando estudiantes de Ingeniería, Arquitectura y Ciencias Económicas.

Todavía es un pequeño esfuerzo en un universo estudiantil de alrededor de 100 mil estudiantes universitarios en la capital de Uruguay, Montevideo. Pero es muy animador ver la iniciativa, responsabilidad y creatividad con que el grupo de líderes estudiantiles uruguayos viene asumiendo el desafío de vivir su fe y compartirla en el contexto universitario.

Uruguay, ese país al sur de Sudamérica, enclavado entre Brasil al norte y Argentina al oeste y al sur, posee 3,4 millones de habitantes y es conocido por ser el país más secularizado de todo el continente, algo que se explica en su proceso histórico de fuerte influencia del liberalismo y positivismo francés en fines del siglo XIX e inicio del XX. No más que 4% de la población del país se reconoce como cristianos evangélicos.

Con eso, un ministerio estudiantil cristiano en el mundo estudiantil uruguayo se reviste de especiales características y desafíos. Reconocerse como cristiano y hacer oír su voz en ese contexto es un buen reto para el desarrollo y madurez de la fe de esos estudiantes cristianos. Y en CBU creemos que ese reto debe ser enfrentado en misión, cuando vivimos nuestra fe públicamente, la compartimos con nuestros compañeros y vivimos las consecuencias de ese discipulado en la integralidad de lo que significa ser discípulos de Jesús hoy y en el futuro como profesionales cristianos íntegros y relevantes.

Una necesidad importante en el momento de replanteo de la obra de CBU es el del discipulado de los líderes estudiantiles. Por eso creemos que la oportunidad para que Romina participe de
“Student Leadership Formación 2009″ se encaja perfectamente con el objetivo de avanzar con una sólida formación no solo de Romina pero de todos los estudiantes claves ya involucrados y en el reproducir de esa formación con los nuevos contactos que, Dios mediante, estarán sumándose a esa obra en el corto plazo.

Esperamos que Romina gane una perspectiva importante de lo que representa la familia internacional de la IFES, y que vuelva animada, con buenas ideas y recursos para compartir con sus compañeras y compañeros de misión en CBU Uruguay.

Lecciones de sobrevivencia

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¿Qué impacto puede traernos un incendio forestal alrededor de un campamento estudiantil? Creo que mi propia respuesta a esa pregunta quitará el mérito del fuego, tal vez no hable tanto del milagro que allí ocurrió, y centrará la búsqueda del aprendizaje en la reacciones de cada uno de los sobrevivientes.

Era el penúltimo día del encuentro nacional de capacitación de GBU Chile, en ese lindo campamento que GBU posee en Río Quino, cerca de 8 horas al sur de Santiago.

Yo había sido invitado a hacer exposiciones sobre la espiritualidad del corazón y de lo cotidiano, basado en la vida de David en 1 y 2 Samuel. ¡Lindo desafío!

En las vísperas de terminar el encuentro junto al grupo fuimos sorprendidos con un incendio que se acercaba a las instalaciones. Al intentar movilizar un equipo para cortar el camino del fuego, rápidamente tuvimos que cambiar de idea y evacuar a todos lo más rápido posible, puesto que el fuego ya había tomado los abundantes arbustos y árboles que rodean el área del campamento.

Con mucho viento, y el fuego literalmente saltando alrededor nuestro, vimos una única posibilidad. Refugiarnos en el río, en un lugar donde es un poco más ancho, a unos 15 minutos de nuestras cabañas.

La última imagen grabada en nuestra retina en medio a la escapada fue la de un fuego alto que tomó por completo el área en que estaban los predios del campamento.

Nos quedamos cerca de una hora y media, en ese punto más abajo, literalmente dentro del río, sin saber bien qué pasaba. Escuchábamos el fuego, veíamos el humo y también el helicóptero que combatía al incendio, pero no podíamos hacer mucho más que esperar.

Cuando dos bomberos llegaron ahí donde estábamos y nos dijeron que debíamos salir rápidamente de la zona fue, confieso, cuando más temor sentí. El grupo ya estaba cansado, física y emocionalmente, y había que evacuarlos una vez más, en medio de una zona de incendio.

Después de un largo recorrido por terreno accidentado, cercas de alambre de púa y mucho humo, llegamos a salvo al margen de la autopista donde se había originado el fuego. En total, 3 horas literalmente corriendo por la vida. ¿Lecciones? Creo que muchos todavía están procesando, como yo, todo lo que pasó. Aún así me arriesgo a algunas observaciones.

Valor de cada uno

Creo que Dios hizo con que, en medio de la crisis, el valor y los dones que Él da a cada uno se hiciesen evidentes para el bien común. Hubo quien orase, cantase, quién cuidó de aquellos que necesitaban de calma, quién ayudó los que no se sustentaban en el río, y los que se apoyaron en la fuga en terreno accidentado.

Tomo la libertad de nombrar a una persona, Carmen Castillo, secretaria general de GBU Chile. Mientras que su esposo, su hijita y suegra estaban en una casa muy próxima al campamento que fue tomado por el incendio, y sin saber más noticias de ellos, de algún lugar ella sacó fuerzas y espíritu de liderazgo para conducir todo el grupo en seguridad. Creo que bien pocos lograrían hacer lo que ella hizo en un momento de tensión como ese.

Entrega y desprendimiento

La primera cosa que hicimos cuando llegamos a la ruta fue orar y agradecer por nuestras vidas, pues supuestamente habíamos perdido todo. Es que nuestra última “fotografía” del local nos hacía creer que todo se había quemado. Fue solo cuando los bomberos nos permitieron volver que comprobamos con nuestros propios ojos que los predios y cabañas de madera todavía estaban allí.

Para mi la prueba más importante ahí fue descubrir nuestra capacidad de entregar lo que tenemos, sobre todo algo valioso y querido por nosotros. Incluso el propio campamento, un espacio por cierto que usado por Dios para bendecir. ¿Y si se hubiera quemado? Bien, creo que Dios haría lo que le es peculiar, seguir con su obra, reconstruir, utilizarnos, con o sin predios, con o sin recursos. Bueno, la verdad que con un recurso primordial, nuestra vida en sus manos.

Un libramiento

Hasta para un escéptico poco habituado a milagros como yo, el libramiento que Dios nos proporcionó fue algo fuerte. El fuego pasó literalmente a centímetros de las cabañas de madera, también protegió con mano firme y misericordiosa algunos pocos que habían quedado atrás, incluyendo la familia de Carmem, el cuidador y dos estudiantes que volvieron para ayudar a combatir el fuego. ¿Dios siempre nos libra de los peligros? Creo que no. Mas ahí claramente nos libró y aún hay que meditar en las lecciones y oportunidades que se abren para nuestra madurez espiritual con ese libramiento.

Sacrificio

Pocas veces, o tal vez nunca antes en mi vida, haya visto tanta gente joven trabajar tan duro como lo hicieron en la madrugada y día siguientes al incendio. Estaban cansados, agotados, y aún así no durmieron, vigilando y apagando focos de incendio que volvían a aparecer, con palas y paletas en manos y cargando pesados baldes de agua en largas distancias. Sin reclamar y me parece que igualmente sin medir el tamaño del esfuerzo que hacían.

Por cierto que fue toda una experiencia, muy poderosa e intensa. ¿Las lecciones? Aún se necesitará tiempo para pensar en todo lo que se aprendió, y hay que pasar ese testimonio a las próximas generaciones estudiantiles. Destaco aquí, por ahora, esas rápidas lecciones:

• Si estamos en las manos de Dios, Él puede sacar lo mejor de nosotros en medio a una crisis (infelizmente, el opuesto también es verdad);
• El recurso más importante que tenemos no son nuestros bienes o recursos, sino nuestras vidas en las manos de Dios;
• Aunque Dios no nos libre siempre de los peligros, hay que reconocer cuando con sus manos Él interviene en nuestras vidas y meditar sobre las oportunidades que Él nos da;
• Cuando la mano del Señor esta conmigo puedo hacer cosas que humanamente pienso que no está a mi alcance hacerlas.

¿Ven como las “manos de Dios” aparecieron en cada una de esas 4 lecciones? Creo que fueron ellas las que cambiaron viento, protegieron, sostuvieron en el río y nos llevaron en cada momento. Miren que hasta un escéptico como yo fue capaz de percibir esas manos. ¡Gracias, Señor!

Fotos: Sandra Aravena (GBU Chile)

¿Dame 30 segundos?

Ricardo Wesley No Comments »

Autores reconocidos, a quienes yo admiro, dieran remedio equivocado después del correcto diagnóstico.

En un libro sobre apologética, la tal ciencia que busca limpiar los obstáculos del camino hacia la fe, ellos dijeron que las personas no tienen más tiempo para oír lo que tú tienes a decir. Eso, en tesis, crea entonces un estorbo importante en la tarea de compartir las buenas noticias de la vida en Cristo.

¿Cuál es la solución? Enseñan que deberíamos aprender a resumir la excelente noticia en 30 segundos. Haga ahí: diga en 5 minutos, reduzca a 2, resuma en 1 y, quizás, estará preparado para el desafío final de anunciar el gran mensaje de salvación en menos tiempo de lo que tú llevas (o debería llevar…) para cepillar sus dientes.

Es casi como se la suciedad que alimenta las bacterias que excavan mi esmalte dental mereciesen más atención y tiempo de que oír y dialogar con el interlocutor con quien comparto mis creencias más íntimas.

¿Injusta y cruel interpretación de lo que querían decir? Tal vez sí. Además, siempre podrá ser un buen ejercicio ese de saber sintetizar y traer hasta la esencia lo que alguien cree. Tal vez hasta mismo precisemos más de esa saludable disciplina de eliminar lo que es aderezo y llegar a decir en síntesis lo que es esencial en nuestra fe.

Sin embargo, confieso, eso todavía provoca en mí un gran incómodo. ¿No estaríamos frente a una situación en que es preciso ser contra-cultural, desafiar el ethos de la indiferencia, del individualismo, de la supuesta falta de tiempo y entonces cultivar espacios ricos en que dediquémonos a pasar más tiempo unos con los otros, para conocimiento mutuo, invitando entonces eses “otros” a que entren en nuestra intimidad, rescatando la hospitalidad y el compartir de la mesa?

¿No sería así posible actuar en contra de la cultura de nuestra época y encontrar algo más que medio minuto para dialogar a respeto de la fe que salva?

Pienso que mí tiempo se acabó. Haga el siguiente. Venga acá en casa para que tomemos juntos un buen café o un acertado y amargo mate uruguayo. ¿No podría ser ese un buen comienzo? Solo pongo una condición, tendrá que quedarse por más de 30 segundos…


Foto: ©
Percezioni spazio-temporali / Spatiotemporal perceptions
Upload feito originalmente por Mad.Doc

El pasado del santo y el futuro del pecador

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En medio a la tormenta financiera mundial, cierto personaje ha aparecido bastante y ha sido citado con frecuencia. Viene a ser el hombre más rico del mundo, Warren Buffet.

La gente comenta sus compras de aciones cuando todos las están vendiendo o hablan de su carácter de gurú financiero, codiciado por ambas las campañas presidenciales para ser algo no menor que el próximo secretario del tesoro norteamericano.

Cuestionado en una entrevista acerca de las victimas y culpables de la crisis mundial, se esquivó de contestar. Cuando presionado, disparó: “cada santo tiene un pasado y todo pecador tiene un futuro”.

Desde la cima de sus 78 largos años, creo que el señor Buffet nos regaló una frase de profunda sabiduría. Puedo no estar de acuerdo con la visión capitalista del hombre ni ser uno de sus devotos admiradores. Mas creo que es necesario reconocer en su respuesta una importante verdad espiritual.

Esa viene a ser que, por más “santo” o correcto que yo sea, o que busque ser, siempre aún tendré la oportunidad de meter la pata a lo grande. Esa cruda verdad debería llevarme a cultivar la humildad, la moderación y la vigilancia. Ella me ayudaría a evitar la arrogancia y los abismos a que esa puede conducirme.

Hay algo más, no menos importante. Por más pecador que yo sea, por más equívocos que haya incurrido, el evangelio de la gracia y de la fe en Cristo parece siempre apuntarnos a la posibilidad del regreso, de la segunda chance. Al señalar el camino de salida, nos permite un alivio, un respiro, un hilo de esperanza en medio a la oscuridad.

Una secretaria que trabajó con el primer secretario general de IFES, Stacey Woods, concluyó después de trabajar con él por un periodo, “él es terrible en sus relaciones personales, mas posee una tremenda visión de Dios y confianza en Él – y Dios sí obra a través de él a pesar de lo que es.” 1

“A pesar de lo que es” puede parecer algo pesado o una crítica injusta, pero tal vez sea mucho mejor ser más realista con nuestros héroes, de que idealizarlos como “santos” con un pasado irreprensible. Podríamos caer en la tentación de proyectar modelos que serían inalcanzables, tal vez en la misma medida en que serían irreales, inventados.

Quizás eso nos ayude, a todos nosotros, pobres y miserables pecadores, a caminar con cuidado y confianza, porque hay Aquel que nos abre un futuro y una esperanza.

1 Citado en “C. Stacey Woods and the Evangelical Rediscovery of the University“, A. Donald MacLeod, IVP Academic.

Foto: © DSC06973
Upload feito originalmente por Ale J. Ven.

¡No me llamen misionero! O llamémonos todos…

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Una vez que me identifico como un misionero en tierras uruguayas, ¿dónde saco eso de “no me llamen misionero?”.

Bueno, ahora que logré tener su atención, pensemos un poco juntos sobre el tema. Estoy de acuerdo en ser llamado misionero. Paso incluso por una experiencia de redescubrir la belleza del sentido que acompaña ese nombre. Pero solamente aceptaré el “nombre” si nosotros lo compartamos. ¿Trato hecho?

Viene de larga fecha en la historia de la iglesia cristiana la triste división en el entendimiento de la vocación de cada cristiano. Exaltamos el fulano de “tiempo completo”, como el pastor, el obispo (apóstoles y serafines en tiempos más recientes) e dejamos en la valla común de la mediocridad, o del “cuando tenga un tiempo libre”, el restante del pueblo de Dios.

En esa polarización, el misionero, normalmente entendiéndose con eso el cristiano enviado en misión a otra cultura, ganó status de héroe que sufre en el campo de batalla. Es la proyección idealizada que expurga nuestros pecados de comodidad e indiferencia. “Al menos uno de nosotros está allá”, un representante de la clase, alguien con una fe supuestamente más elevada, llevando toda la iglesia a sentir que está cumpliendo una misión importante.

Es claro que eso normalmente viene acompañado de las expectativas de que sea alguien con un estilo de vida abnegado, sufridor, siempre en necesidad. Necesidades esas que buscaríamos atender, claro que en la medida en que las preocupaciones con la “vida real” lo permitan.

Estamos en una encrucijada. Las distorsiones necesitan ser corregidas. Misioneros tienen que ser todos los discípulos de Jesús, aquí, allí y en todo lugar. Vamos abolir esas expresiones que no nos ayudan, como “tiempo completo”. Misioneros seremos todos, sea trabajando por nuestro sustento o recibiendo apoyo, en nuestro país o en algún lugar bien diferente de nuestra cultura natal.

Vocación y llamado tienen que ser conceptos aplicados a todo cristiano, y no a una categoría supuestamente especial. ¿Vamos lograr cambiar el rumbo de ese tren?

(Foto: © SangSu Sergio Park)

Responsabilidad rima con generosidad

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(Serie Anécdotas Agronómicas - VIII)

“…las aves pueden anidar bajo su sombra” (Mc. 4:32)

Lo que tuvo su inicio en el cuidado, protección y amor de las manos de quien sembró, al fin también produce bendición para otros.

¿Tendría el que era pequeño llegado a ser grande e importante? Sí, pero vea bien que eso se dio a través de ciertos criterios. Ellos son el del servicio y de la adecuación al su llamado.

Primero, el servicio. Si algo no servir para bendecir a otros, entonces para nada sirve. Como tantas otras cosas en el Reino, aquello que se retiene, se pierde. Aquello que se gasta y se invierte en la vida de otros, al contrario, tiene grande provecho.

Segundo, la adecuación a su propuesta o llamado. No se puede esperar de una hortaliza lo que solo un roble puede ofrecer. Siempre es preciso revisar las expectativas para chequear si ellas están en sana perspectiva.

Concluimos esa serie volviendo al interludio entre las parábolas agronómicas (Mc. 4:21-25), que nos revela que aprendizaje tiene que ver con responsabilidad.

¿Qué hacemos con lo que aprendemos? ¿Qué alguien debe hacer con algo precioso que recibe en sus manos?

La metáfora de la luz nos habla de diligencia. Por eso la aseveración “el que tenga oídos para oír, que oiga”. Si escucharon, si aprendieron, pongan en práctica, asuman responsabilidad por lo aprendido, multiplicándolo.

El criterio una vez más será el beneficio de muchos. Pongan la luz en “un lugar apropiado”, para que ilumine bien, para que llegue a más gente, para que ella sirva a un propósito útil.

Jesús concluye indicándonos que responsabilidad rima con generosidad (Mc. 4: 24-25). En una primera lectura, suenan difíciles esas palabras de Jesús cuanto al principio de la reciprocidad.

Tal vez aceptemos más fácilmente esa lógica cuanto a los juicios. Si somos duros al juzgar, así también seremos juzgados. Parece razonable. Además, pensando bien, también parece bien justo que la reciprocidad sea aplicada a la generosidad.

O sea, si somos generosos al dar y ofrecer, aún más nos será dado. Ese recibido también será ofrecido y así sucesivamente sigue el ciclo. Observe que es algo distinto de la sutil, aun que terrible, distorsión de la “teología de la prosperidad”, donde el enfoque se da en la codicia de querer ganar y acumular, algo revertido para sí mismo y su propio beneficio.

Como todas las parábolas agronómicas nos confirman, la perspectiva debe ser la de producir, multiplicar y bendecir. Cuanto más damos, más recibimos, y es claro que eso demandará un proceso de madurez y crecimiento en la fe.

Así concluyo lo que parecía una interminable serie de pequeñas reflexiones sobre el capítulo más agronómico de todos. Si algo le fue útil, aplique la lección. Sea generoso al repartir, cultivar, mejorar, hacer crecer y profundizar lo que apenas fue plantado. Cuantas más cabezas y manos pensaren y trabajaren juntas, más chances la rima del título tendrá de funcionar.

Foto: © Sunset, upload feito originalmente por surplus-to-requirements-stan.

Nuestra actitud hacia las cosas pequeñas

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(Serie Anécdotas Agronómicas - VII)

“…es la semilla más pequeña que hay”. (Marcos 4:31b)


¿Quienes no han pasado por la experiencia de ver un esfuerzo personal o una pequeña iniciativa ser minimizado o mismo despreciado?


¿Y quien ya no tuvo actitud semejante consigo mismo al desistir de algo por pensar que nunca llegaría a ser algo relevante?


Aquellas manos que creen y que saben esperar son también las mismas manos que toman la “más pequeña semilla” y la siembran en la tierra. Con ese pequeño acto y gesto, dan un enorme paso de fe.


“Una vez sembrada” (4:32a), o sea, el acto de sembrar se junta al poder latente de la semilla, y se transforma en una acción conjunta de “fe” + “potencia latente” para la gran obra que será realizada, exactamente gracias a esa conjunción de factores.


Las manos que “cultivan y guardan” (Génesis 2:15) son las que, debido al tamaño de la semilla, más cuidado y protección brindarán a la chiquita. Pero también, y ese es un lindo paradojo, más confianza y fe  tendrán cuando la sembraren, pues creerán en el mucho que de ahí podrá surgir.


Un diferencial importante se da ya desde el inicio. Se relaciona con la percepción de lo que es pequeño, de la perspectiva y de la mirada que cada uno tiene de una situación. Si aplicamos criterios “convencionales”, la semilla sería algo pequeño y sin valor.


Por otro lado, una actitud más adecuada podría considerar lo que ja viene con la semilla, y que muchos no ven o no valoran. Reconocer esa riqueza innata, casi escondida, y su potencial para crecer, producir y multiplicarse.


También hay algo más allá del poder de la semilla. Es lo que viene de la experiencia y conocimiento del sembrador, que ya vio lo que sucede después de la sembradura, que aprendió cuando es mejor sembrarla, en que condiciones y de que manera.


Ese es el conocimiento que viene de la buena tradición y de la vida. Ninguna nueva tecnología podrá sustituir la importancia que tiene saber. Ni tampoco minimizarlo, ni decir que es de “pequeño” alcance.


Al finalizar el expediente (y la cosecha), lo que parece pequeño se tornará grande, pero  en  ese chiquito texto ya no hay más espacio para pensar en los criterios para decir si algo es pequeño o grande.


Quedará para la próxima, en una promesa latente, como la semilla. Espero que usted crea. ¿En mí? ¡No! En ella, en la semilla.

(Continúa…)

Foto: © Marquicio Pagola

PD: vea una muestra de lo que identifico como pequeño, pero tan importante, en las fotos del campamento de CBU Uruguay, “Tu Vida=Tu Mensaje - evangelizar como estilo de vida”

Hacer bien lleva tiempo

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(Serie Anécdotas Agronómicas - VI)

“…primero el tallo, luego la espiga, y después el grano lleno en la espiga”. (Marcos 4: 28)


Algunas veces me pregunto cuándo es que desearía ver los resultados de un trabajo con lo cual estoy involucrado. Mi primer reacción, y es bueno que así sea, es la de desear verlos rápidamente. Quiero asegurarme que estoy yendo en la dirección acertada, que vale la pena todo el esfuerzo.


Sin embargo, y creo que eso pasa en una amplia variedad de situaciones, tarda hasta que sea posible discernir los primeros frutos concretos de un trabajo. Incluso a veces me pregunto si un día lo veremos.


Esa parábola me ayuda a valorar la importancia de las etapas, a reconocer que comúnmente hay un proceso hasta que se pueda llegar allá. Hay que esperar que el grano quede “maduro” (v. 29). Mismo que sea difícil, es necesario aguardar el “tiempo de la cosecha”.


Tres rápidas lecciones. Primera, se necesita perseverar al largo de los procesos, también llevar en cuenta que frecuentemente son demorados, y así no desanimar en el medio del camino (acuérdense de Eugene Peterson, para quien la perseverancia es sinónima de “larga obediencia en un mismo camino”).


Segunda, se necesita desarrollar una sana capacidad de evaluar los procesos, reconocer los avanzos y retrocesos, ser capaz de revisar con propriedad y sabiduría los pasos y los medios por los cuales deseamos llegar a los resultados (en otro momento pienso en volver al tema de los criterios que debemos usar en evaluaciones).


Tercera, la perspectiva de la cosecha es algo que alimenta nuestra esperanza. Eso sucede cuando la escatología no es usada como un escape y sí como aliento y alimento en la obediencia práctica y concreta del presente.


¿Cómo anda su disposición para perseverar sin que vea el resultado de sus esfuerzos?


Comparto algo que me ayuda. Espero que a vos también le sirva. Busco imaginar cómo las próximas generaciones de estudiantes universitarios se beneficiarán del trabajo que estamos desarrollando ahora. ¿Qué tipo de ministerio estudiantil cristiano encontrarán en la universidad los estudiantes que en ella entraren de ahora a 5, 15 o 30 años? ¿Cómo es que lo que siembramos ahora les podrá ser útil para que ellos afronten con fidelidad y creatividad los desafíos de su tiempo?


Piensen en eso. Quedaré muy contento de oír sus ideas al respeto.


(Continúa…)

Foto: © Yan Seiler

Cuando “no saber” es una virtud

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(Serie Anécdotas Agronómicas - V)

El poder de la semilla que siempre nace y crece es un misterio que el agricultor no entiende (Mc. 4:27) ni tampoco nosotros.

Viene a la memoria lo que Jesús dijo acerca de Dios decidir revelar las verdades más profundas del evangelio a los humildes de corazón, ocultándolas a los supuestamente sabios y entendidos.

¿Podríamos entonces llegar a la liberadora percepción de que el “no saber” apunta no solo para una limitación de nuestra capacidad, pero también para algo deseable a una sana espiritualidad?

Examinemos rápidamente cuando es que el “no saber” podría ser una virtud.

Uno de esos casos nos es revelado por la parábola de la mala hierba (Mateo 13:24-30;36-43). Ella nos impide que nos pongamos en una posición de jueces, pues en verdad no lo somos. ¡Hay solamente uno! Cuando pensamos que “sabemos”, nos arriesgamos a remover la planta que creció de la buena semilla junto con la nefasta.

“No saber” también es algo que nos ayuda a que no nos ahoguemos en una tentadora necesidad de controlar los procesos y los resultados, esa que al fin nos lleva a una ansiedad absurda. Al evitar esa trampa, podemos desarrollar esa confianza más liviana y descansada en el Señor.

Por último, si pudiéramos entender todo acerca del misterio y del poder latente en la semilla que es la Palabra, podría pasar que nos veamos a nosotros mismos como grandes e que percibiéramos a Dios y su Palabra como chicos y maniobrables de acuerdo con nuestros propios intereses.

Difícil imaginar algo más peligroso que la religiosidad como instrumento de poder para que una persona o grupo alcance sus propias agendas.

Hay mucha virtud en confiar en poder de la semilla y de “la tierra que dá fruto por sí sola” (v. 28).

(Continúa…)

Foto: © Isaac Bonyuet - 2008 TrekEarth

¿Estaría el poder en mis manos?

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(Serie Anécdotas Agronómicas - IV)

El Reino de Dios una vez más es comparado a un hombre que siembra la semilla en la tierra (Marcos 4:26-29).

Al volver a hablar del trabajo como metáfora del Reino, Jesús nos comunica que la idea del esfuerzo que uno pone para producir algo es un concepto importante en el Reino de Dios.

El trabajo no es fruto del pecado, de la Caída. El trabajo ya estaba antes, en la mente y designios de Dios para la raza humana. En el inicio, Dios puso la humanidad en un jardín, para que “lo cultivara y lo cuidara” (Gen 2:15).

Lo que pasa ahora después del pecado y de la desobediencia crucial del hombre y de la mujer es que el trabajo pasa a ser un proceso que nos costará mucho (Génesis 3: 17). Habrá que trabajar duro (Gen 3:19) y muchas veces el trabajo parecerá un esfuerzo en vano (Eclesiastés).

En ese contexto del cotidiano de nuestras vidas en que la experiencia del trabajo es muchas veces algo frustrante, cómo es importante escuchar las palabras de Jesús que rescatan el valor y la importancia del trabajador y de su esfuerzo.

Aún más importante cuando vemos el tamaño de la tarea delante de nosotros, el mucho que hay por hacer, y los obstáculos en el camino. Esas palabras de ánimo son aún más vitales cuando reconocemos la enormidad de la tarea, del mucho que hay por hacer, así como de los muchos obstáculos en el camino.

Ahora, un énfasis en nuestro esfuerzo y en el trabajo de nuestras manos no puede hacer con que creamos que todo el poder y la responsabilidad estéan en ellas, en nuestras manos. Pensar así nos llevaría a la arrogancia y a la autosuficiencia.

“Noche o día”, estando él “dormido o despierto” (Mc. 4:27a), vemos que lo que determina el fruto no es nuestro esfuerzo (“dormido o despierto”) ni tampoco las circunstancias (“noche o día”).

No hay que cargar una responsabilidad o peso más grande de lo que nos cabe o de lo que podemos llevar. Es cierto que eso nos arrastraría a una experiencia de culpa, desanimo, cansancio y frustración.

También previne que pensemos que hay que esperar por las circunstancias supuestamente ideales o más adecuadas para nuestro trabajo y esfuerzo. Infelizmente, esas “circunstancias ideales” nunca llegan, sin hablar de que podemos nos equivocar en su evaluación.

“La semilla siempre nace y crece” es un consuelo importante y una esperanza firme en un poder que no está en nuestras manos. “La tierra da fruto por sí sola”, o, en otra versión, “la semilla siempre nace y crece” (Mc. 4:28a). Esa certeza es un consuelo importante y una esperanza firme en un poder que no está en nuestras manos.

(Continúa…)

Foto: © Jon Block - Goldsmith
Upload feito originalmente por Jon Block