Archive for the 'Ricardo Wesley' Category

Dificultades, pero alegría

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(Serie Anécdotas Agronómicas - III)

Mucha gente necesitada vino escuchar esas parábolas que Jesús les contó. Quedaban paradas, en la playa, ansiosas por oír algo acerca del camino. El Sembrador entonces les habló que en la vida hay una lucha activa en contra: del olvido, de la superficialidad y de las tentaciones.

Las semillas al largo del camino son el olvido. Ellas nos hablan de la indiferencia, de la insensibilidad, de la apatía. También del peligro del “robo” de la Palabra y de la esperanza sembrada.

Las semillas en medio de las piedras son la superficialidad. Aquella que se revela en la falta de un buen fundamento, de sólidas motivaciones, de buenos marcos de referencia. Que germina de la inconsistencia y de la falta de perseverancia ante las dificultades.

Las semillas entre espinos son las tentaciones. Hasta las cosas buenas, cuando mal usadas o mal enfocadas, se transforman en un desvío y un problema. De ahí surgen las tentaciones de la ilusión y del engaño de las “soluciones” rápidas. También viene la atracción del poder, y la tentación de usarlo hacia uno mismo y no hacia el beneficio de los otros (Marcos 10:42-45), ahogando así cualquier pretensión de buen fruto.

Tal vez para animarles a vencer esas dificultades, el Sembrador cierra la parábola con la alegría de las semillas que producen. Su palabra final es una de ánimo, para nos llenar de esperanza, a pesar de las dificultades.

Humanamente, y bajo una lógica de productividad, el sembrador fue bastante inefectivo. De los cuatro tipos de terrenos, sólo uno produjo. Pero la lógica del Sembrador parece ser distinta.

De acuerdo con Él, debe haber mucha alegría con lo que pasa con esas semillas: esas que escuchan, aceptan y producen.

Al escuchar, ellas abren espacio verdadero para que la Palabra haga sentido en sus vidas. Dialogan, interactúan, la guardan, la preservan como un tesoro precioso.

Al aceptar, tal vez eso nos hable de un acogimiento genuino de la Palabra, una bienvenida que abarca su vida y le da nuevo rumbo, nueva significación y nuevo norte.

Al producir, revela lo que era más importante para el Sembrador. Fue Él mismo quien dijo, al terminar esa desafiante parábola, “él que tenga oídos para oír, que oiga”. “Escuchar” era el equivalente a “poner en práctica” la enseñanza, lo que recibió. Eso sería una comprobación de que uno de hecho la escuchó.

La buena tierra produce una cosecha variada (30, 60 e 100 por uno) y abundante. Al producir, cada una de esas semillas es ahora multiplicadora de la mudanza y de la vida en otros terrenos. ¿Qué otros? Ora, hay muchos otros como aquellos que al inicio de la historia estaban ansiosos, parados, a las orillas del lago.

Aquellos que buscaban son entonces llamados a ser la respuesta a muchos otros que también, en sus necesidades, siguen buscando.

(Continúa…)

Foto: © Tim Kahane 2006- 0138 Waiting in a field
Upload feito originalmente por mrtriggerfinger

En todos los terrenos

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(Serie Anécdotas Agronómicas - II)

En el capítulo más agronómico de todas las Escrituras*, la primera de las parábolas llega para contarnos acerca de un sembrador con una tarea. Esa consiste básicamente en hacer un recorrido por varios tipos de terrenos, sembrando en cada uno de ellos.

Entre tantas y tan importantes lecciones, hoy quedo con una que me parece poco notada. La de que el sembrador pasa por varios terrenos.

La pregunta, bien sencilla, sería esa. ¿Por qué él pasa por diversos terrenos, incluso por aquellos con “pocas chances”?

¿Estaría el sembrador en busca del terreno ideal, en un tipo de caza al tesoro perdido, para que cuando lo encuentre, abandone los demás?

¿Será que le hizo falta una encuesta previa de mercado, para saber de los intereses de sus potenciales consumidores, y así intentar prever el impacto de su producto en el mercado?

¿Habría le faltado orientación profesional y sería él solamente un inexperto amador que necesita prepararse mejor para la tarea?

¿O no sería sencillamente una indicación de que no se debe hacer una “pre-selección del terreno”? Me pongo a imaginar si la acción del sembrador podría nos revelar la lección de que no hay que buscar definir de antemano, como se eso fuera posible, dónde seremos exitosos y dónde no. Por esa lógica, alguien pensaría que podría elegir sembrar y trabajar solamente dónde imagina, o apuesta, que todo le saldrá bien.

El problema es que no es posible, ni tampoco deseable, alcanzar esa certeza.

No es posible porque no sabemos todo, no controlamos todas las variables y circunstancias. También porque hay otros elementos, así lo veremos en esas parábolas, que abarcan ese acto de sembrar con nuestras frágiles manos.

También no es deseable porque no podemos excluir o decidir que ese sí y que ese no. Al revés, Jesús nos ofreció un modelo de compasión por todas las personas, en todas sus necesidades. La paz y la vida son regalos ofrecidos a todos, sin distinción.

(Continúa…)

* Marcos 4

Foto: © Countryside: Crops
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Fue así que me enamoré de aquel texto

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(Serie Anécdotas Agronómicas - I)

¡Yo me enamoré de un texto bíblico en un congreso científico! Les cuento como eso pasó. Tuve que llegar antes para asegurar un asiento en el auditorio. El Dr. Warwick Estevam Kerr estaba por dictar una conferencia en el Congreso Brasileño de Genética. Era 1990, en una pequeña ciudad del interior de Minas Gerais. De todas partes llegaban estudiantes y profesores para oír aquel que traía consigo una envidiable reputación de científico brillante.

Con el propósito de hablar de la biodiversidad, que era el tema de su charla, ¡Dr. Kerr nos deleitó con una exposición de la parábola del sembrador! Ahí estaba un respetado genetista dejándonos estupefactos en su desembarazo para hablar de ciencia usando la sabiduría de los evangelios.

Creo que el capítulo 4 del evangelio de Marcos, dónde encontramos esa parábola, es el capítulo agronómico por excelencia. Antes que pienses que estoy siendo tendencioso por defender la clase agronómica, observe que, en esa sección de las Escrituras, Jesús nos cuenta tres parábolas sobre las semillas como metáforas del Reino.

Dr. Kerr es un hombre brillante, pero también muy sencillo. Recuerdo con cariño su deferencia al hacer comentarios acerca del trabajo científico que yo, un joven y bien inexperto estudiante, presentaba. Aun que él conociera mi padre ya por algunas décadas, fue fácil reconocer que su atención no fue debida a esa, digamos, conexión familiar.

Bastaba para eso ver cómo él pacientemente visitaba cada stand, y la manera con que él hablaba con cada estudiante como si fuera un compañero de larga fecha en la labor científica. El saber no le había subido la cabeza. Preguntábamos entonces si podría haber otra lección que él nos podría dar. Y él lo hacía.

Él era alguien que proponía cuestiones ingeniosas, provocativas, ayudándonos a ver facetas de la investigación que antes no nos habíamos dado cuenta. O sea, su ayuda venía más a través de sus preguntas y provocaciones de que a través de recetas que pudiera darnos.

Fue así que ese profesor universitario, un científico bien respetado en todo el mundo, me ha llevado a una pasión por algunas parábolas de las Escrituras.

Hablo del maestro, y de cómo me inspiró, quizás en un sencillo homenaje, antes de compartir con ustedes algunas breves reflexiones acerca de las semillas y del Reino, en una serie de estudios a las que nombro “anécdotas agronómicas”. ¡Hasta la próxima semana!


Foto: ©
Ready for Lecture? (Version 1)
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¡Volver a ser niño!

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“¡Tú necesitas aprender a ser niño de nuevo!” No, no era un consejo acerca de cómo yo podría entrar en el Reino de los cielos. En verdad, al comienzo sonó rara esa palabra de nuestro amigo Paul Freston, en una agradable visita pocos meses antes de mudarnos a Uruguay.

Él nos hablaba de la disposición que necesitamos tener para aprender todo de nuevo. Eso mismo, todo de nuevo, no apenas la lengua. Teníamos que aprender los códigos, las señales poco visibles, muchas veces no habladas. Cuando habladas, ni siempre con el significado que la gramática pura y simple nos dice. Y aun que pronunciadas, ¿cómo serian?, ¿en qué momento?, ¿con que sutilezas?, ¿con que significados explícitos (para quien nació en esa cultura) y ocultos (para quien viene de otra cultura y piensa que ya sabe el significado de cada cosa)?

Pero cuando uno es un “misionero transcultural” (en otro momento reflexionaré sobre lo que entendemos por eso), ¿no vengo justamente a decir cuál es el camino, la ruta de salvación y el sentido que todos buscamos? Sí y no. Lo que traigo conmigo, creo, es precioso, pero siempre viene en un vaso de barro frágil que soy. Y cuando llegamos, Dios ya llegó hace mucho, haciendo su trabajo en medio de las personas a quienes iremos servir. ¿Obvio? Sí, pero nosotros lo olvidamos fácilmente.

Querer compartir algo tan especial, como el evangelio de Jesús, en una nueva cultura, significa oír, oír y oír, antes de querer decir algo. Al entender dónde las personas están, quienes son, sus riquezas, peculiaridades y, quien sabe, necesidades (¿cuándo llegaremos a entenderlas totalmente?) es que podremos comenzar la humilde tarea de redescubrir el significado y la belleza del evangelio de Jesús en ese nuevo lugar, para esas nuevas personas y cultura.

Confieso que eso me parece difícil, muy difícil. Es de nuestra naturaleza y sub-cultura evangélica que pensemos que ya sabemos todo. Es casi como un sinónimo de “tener fe”. Tener una actitud, por así decir, optimista, triunfalista, señalando el camino a las personas. No es fácil romper el padrón y buscar ser niño de verdad en ese proceso. Después de un año y medio de haber llegado acá podemos decir que ya estamos logrando dar nuestros primeros pasos.

¿Pero saben algo? Nuestra fe se ha ido traduciendo en confianza, alegría y madurez, aprendiendo a gozar cada momento, cada lección con nuestros nuevos y queridos amigos uruguayos. ¡Y nosotros creíamos venir aquí a enseñar algo! Ah, pero Jesús nos está enseñando a todos en ese proceso, y es un privilegio bien grande ser parte de ese movimiento en que Él mismo va alcanzando a cada persona. Y entonces somos testigos, como los niños, con miedo pero confiados en el actuar amoroso de Dios. ¿Habrá algo mejor?

Foto: Copyright © Alain So - 2008 TrekEarth

El Sur es mi Norte

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¿Por qué decir que el Sur ahora se transformó en mi Norte? La verdad es que esa frase es una variación de lo que una vez afirmó Joaquín Torres García, un importante artista uruguayo que creó ese mapa (América invertida – 1943).

“…en realidad, nuestro norte es el Sur. No debe haber norte, para nosotros, sino por oposición a nuestro Sur. Por eso ahora ponemos el mapa al revés, y entonces ya tenemos justa idea de nuestra posición, y no como quieren en el resto del mundo. La punta de América, desde ahora, prolongándose, señala insistentemente el Sur, nuestro norte.”
(Joaquín Torres García. Universalismo Constructivo, Bs. As. : Poseidón, 1941.)

Llegando a Uruguay, y viniendo desde un país al norte que ya buscó dominarlo territorialmente y económicamente (en ese último caso, la agenda de dominación aún sigue, disfrazada en los mecanismos de integración del Mercosur), tengo que aprender a ver las personas y la realidad a partir de puntos de referencia distintos.

La vivencia y comunicación del evangelio se darán mucho mejor cuando ocurria ese proceso de encarnación en la otra cultura. Tengo una fuerte sospecha de que eso no se da rápidamente. Lleva tiempo, muchas veces toda una vida, para entender y comunicar el evangelio de vida en Jesús cundo lo vivimos y lo trasladamos a otra cultura.

La propia revelación de Dios llegó hasta nosotros en ese proceso de mezcla y transposición de variadas culturas. Las diversas culturas de los tiempos bíblicos, las culturas de los intermediarios en un largo proceso histórico, la cultura de los misioneros que llegaran con el “Libro” a nuestro país, y ahora “mi” cultura cuando llego al “otro” país.

Diversidad de culturas, samba, tango, “jeitinho” brasileño y garra charrúa (nación indígena prácticamente exterminada por los blancos “cristianos” del pasado) para manejar tantos puentes, interpretaciones y aplicaciones de tales verdades que aún creemos que hay en el evangelio de Jesús.

Nuestro consuelo y esperanza es que recibimos una ayuda divina en el proceso. Dios, en su misericordia viene y nos forma en el medio de la jornada. Muchas veces nos hace crecer al mismo tiempo en que nos humilla. Pero esa es una buena humillación, lo reconozco sin ser masoquista. Cuando dependemos más de Dios para entender algunas cosas, y cuando escuchamos más de nuestros hermanos para entender la Palabra y crecer en la fe, en un esfuerzo comunitario y misionero, siento que estoy en una situación ideal para madurar, rumbo a lo que Dios desea de mi.

¿Qué quiere Él de mi? Bueno, en el camino voy descubriendo, con la gracia de Dios…

(Artículo originalmente publicado en Portugués en “Maneiras de ver o mundo”, en “O Sul é meu Norte”. Las opiniones expresas en el texto son de responsabilidad del autor y no expresan necesariamente las posiciones de la CIEE)