(Serie Anécdotas Agronómicas - III)
Mucha gente necesitada vino escuchar esas parábolas que Jesús les contó. Quedaban paradas, en la playa, ansiosas por oír algo acerca del camino. El Sembrador entonces les habló que en la vida hay una lucha activa en contra: del olvido, de la superficialidad y de las tentaciones.
Las semillas al largo del camino son el olvido. Ellas nos hablan de la indiferencia, de la insensibilidad, de la apatía. También del peligro del “robo” de la Palabra y de la esperanza sembrada.
Las semillas en medio de las piedras son la superficialidad. Aquella que se revela en la falta de un buen fundamento, de sólidas motivaciones, de buenos marcos de referencia. Que germina de la inconsistencia y de la falta de perseverancia ante las dificultades.
Las semillas entre espinos son las tentaciones. Hasta las cosas buenas, cuando mal usadas o mal enfocadas, se transforman en un desvío y un problema. De ahí surgen las tentaciones de la ilusión y del engaño de las “soluciones” rápidas. También viene la atracción del poder, y la tentación de usarlo hacia uno mismo y no hacia el beneficio de los otros (Marcos 10:42-45), ahogando así cualquier pretensión de buen fruto.
Tal vez para animarles a vencer esas dificultades, el Sembrador cierra la parábola con la alegría de las semillas que producen. Su palabra final es una de ánimo, para nos llenar de esperanza, a pesar de las dificultades.
Humanamente, y bajo una lógica de productividad, el sembrador fue bastante inefectivo. De los cuatro tipos de terrenos, sólo uno produjo. Pero la lógica del Sembrador parece ser distinta.
De acuerdo con Él, debe haber mucha alegría con lo que pasa con esas semillas: esas que escuchan, aceptan y producen.
Al escuchar, ellas abren espacio verdadero para que la Palabra haga sentido en sus vidas. Dialogan, interactúan, la guardan, la preservan como un tesoro precioso.
Al aceptar, tal vez eso nos hable de un acogimiento genuino de la Palabra, una bienvenida que abarca su vida y le da nuevo rumbo, nueva significación y nuevo norte.
Al producir, revela lo que era más importante para el Sembrador. Fue Él mismo quien dijo, al terminar esa desafiante parábola, “él que tenga oídos para oír, que oiga”. “Escuchar” era el equivalente a “poner en práctica” la enseñanza, lo que recibió. Eso sería una comprobación de que uno de hecho la escuchó.
La buena tierra produce una cosecha variada (30, 60 e 100 por uno) y abundante. Al producir, cada una de esas semillas es ahora multiplicadora de la mudanza y de la vida en otros terrenos. ¿Qué otros? Ora, hay muchos otros como aquellos que al inicio de la historia estaban ansiosos, parados, a las orillas del lago.
Aquellos que buscaban son entonces llamados a ser la respuesta a muchos otros que también, en sus necesidades, siguen buscando.
(Continúa…)
Foto: © Tim Kahane 2006- 0138 Waiting in a field
Upload feito originalmente por mrtriggerfinger




