CAPÍTULO 1 - La Chispa y la Llama
Por alguna razón a este lugar lo llaman "Cerro de los espejos". Está enclavado bien adentro en tierra brasileña, pero es un pedazo de Europa por sus cuatro costados. Es una Facultad de Teología. Hebreo, Griego, Crítica Bíblica, Hermenéutica. Profesores que toman su labor académica con esa indoblegable seriedad germánica. Aquí Arzemiro, estudiante de teología, se está muriendo de hambre. "Hambre y sed del Dios vivo" como diría el salmista.
Anhelo de servicio, corazón pastoral, piedad forjada, en el seno cálido de una familia respetuosa de Dios. Por momentos Arzemiro siente que todo esto se congela. Aquí le dan erudición pero no hay saber vivo. Y la sed no se calma con el paso de los días.
Un día de 1969 Arzemiro desaparece. Pasa un tiempo largo afuera. Cuando vuelve, los colegas amigos que han notado su ausencia lo acosan a preguntas. ¿Dónde estuvo Arzemiro? Se niega a responder. ¿Temor? ¿Vergüenza?.. Se siente intimidado. Ante la presión de los más cercanos y casi balbuceante Arzemiro cuenta su historia. No pudo aguantar más y decidió irse a un lugar solitario para orar... a ayunar. Cuando lo ha confesado hay un silencio. En algunos ojos asoma una lágrima. "Es esto lo que nosotros también queríamos", exclama uno por fin. Sonrisas. Después risas y abrazos. Las rodillas dobladas. Aquella noche nace la Acción Bíblica Universitaria de San Leopoldo.
Un día leyendo una revista, uno de ellos se entera que hay un movimiento en Alemania muy parecido a eso que este grupito quiere hacer en el sur brasileño. Y escriben de inmediato a la Studenten Mission in Deutschland. Del otro lado del Atlántico no tarda en llegar la respuesta. Una copia va a dar a San Pablo y en pocos días hay no sólo una carta sino también un visitante. Wayne Bragg, asesor de la Alianza Bíblica Universitaria.
¡Qué caminos los del Señor, Arzemiro! Tener que escribir a Alemania para descubrir a tus hermanos del Brasil. Y qué realidad tremenda la de esta Comunidad que atraviesa el océano.
Hoy Arzemiro Hofman es pastor de una parroquia universitaria de la Iglesia Luterana en Porto Alegre.
Orígenes del movimiento estudiantil evangélico
Hemos sido los conspiradores tradicionales de todos los tiempos. Llevamos la revolución en el alma. No medimos el dolor ni el sacrificio. El gesto que más sacude a nuestras juventudes es el de verter la vida sobre una bella ilusión.
Germán Arciniegas
El estudiante de la mesa redonda.
1. El mundo Estudiantil
Desde sus inicios la universidad fue foco de agitación en la sociedad, laboratorio donde se dieron los cambios que después sacudirían naciones enteras, forja de donde saltaron las chispas iniciales de grandes incendios. Tal es la historia de la universidad en el mundo occidental, aun desde aquellas primeras revueltas estudiantiles del siglo XIII en medio de las cuales Tomás de Aquino llegó a ser el maestro de una generación, y de muchos más siglos después.
Así ha sido también en la historia de la iglesia cristiana. ¡Cuánta empresa grande y cuánto fermento de cambio comenzaron entre la gente joven, entre los estudiantes! Jóvenes fueron los que se unieron a Francisco de Asís y sus bandas mendicantes. Jóvenes fueron los misioneros apasionados que redimieron la empresa imperial de España en América, agregando hermosas páginas de espíritu evangélico entre tanta página negra de injusticia. Niño aún Zinzendorf había fundado en su colégio la "Orden del Grano de Mostaza" para orar, crecer en Cristo, sufrir por él y llevar el evangelio allende el mar. Años después jóvenes universitarios moravos se le unieron para llevar el evangelio a todo el mundo y el avivamiento a toda Europa. Eran estudiantes de Oxford los que fundaron, con John Wesley, aquel Club Santo para estudiar la Biblia y seguir a Jesucristo en el contexto de una vida metódica. De allí vino con el tiempo el nombre de un movimiento que sacudió Inglaterra y el mundo: el Metodismo. Siglo tras siglo, la historia de la iglesia tiene páginas escritas por hombres cuya pasión por Cristo brotó en las aulas de la universidad.(1)
No se trata, claro está, de que Dios tenga algún tipo de preferencia por quienes tienen el privilegio de haber llegado a beneficiarse con la educación superior. Dios usa para sus propósitos príncipes y mendigos, carpinteros y doctores, empresarios y futbolistas, porque ello refleja su gracia multiforme que alcanza a todo ser humano que cree en él. Pero probablemente en momentos y lugares cruciales Dios ha usado las especiales características del medio estudiantil como un instrumento eficaz para la extensión de su Reino y el cumplimiento de su propósito. Que Dios haya querido usar poderosamente a los estudiantes en el pasado no debe darle hoy al estudiante ni a quien sirve entre estudiantes un orgullo infundado. Más bien debe darle un sentimiento profundo de responsabilidad, temory temblor antes las posibilidades de quemar la propia vida al servicio de Cristo, en la esperanza de que ella alumbre en un hora difícil.
2. Orígenes de la Comunidad Internacional de Estudiantes Evangélicos
No podemos entender la historia de la Comunidad Internacional de Estudiantes Evangélicos en América Latina sin referirnos a un vasto movimiento juvenil que sacudió Europa y Norteamérica a fines del siglo pasado y en las primeras décadas del presente. Sin embargo, las raíces del mismo se remontan varios siglos atrás y muestran un panorama inspirador y un reto al estudiante latinoamericano de hoy.
Varias corrientes históricas convergen en la formación de la Comunidad Internacional de Estudiantes Evangélicos.(2) Se puede seguir una de ellas hasta la Universidad de Cambridge en 1516. En medio del fermento que daría lugar a la Reforma protestante, Erasmo había publicado en Basilea su edición del Nuevo Testamento en griego. Tomás Bilney, quien era miembro del Tinity Hall de dicha universidad, tuvo una experiencia de conversión como resultado de la lectura de ese Nuevo Testamento. Entusiasmado con su nueva experiencia de fe, convocó a un pequeño grupo de estudiantes formado por Tomás Cranmer, Hugo Latimer y Nicolás Ridley. Se reunían secretamente, en un mesón hoy famoso, para estudiar el Nuevo Testamento y las obras de Lutero. Todos ellos llegaron a ser prominentes en el movimiento de Reforma de la Iglesia de Inglaterra y todos murieron como mártires por su fe evangélica.
Otra pista nos llevaría hasta Noruega, donde el movimiento pietista que se había gestado en Alemania repercutió a través de un predicador poderoso: Hans Nielse Hauge (1771-1824), quien pagó con prisión el atrevimiento de exponer la Palabra de Dios sin tener una licencia oficial de la Iglesia Luterana. Hauge tuvo influencia en más de una generación de evangélicos noruegos, hombre como Ole Hallesby, cuyos viajes, labor docente y entusiasmo lo hicieron persona clave en la obra estudiantil evangélica entre las dos guerras mundiales. Fue Hallesby quien a partir de 1934 propició las conferencias internacionales que primero afectaron a Europa solamente, pero que fueron creciendo en influencia con la participación de los movimientos que iban surgiendo en otras partes del mundo, hasta culminar en la reunión de Harvard donde nació la Comunidad.
Otra corriente vincula a la Comunidad con un vasto movimiento juvenil y misionero que en un entrecruzamiento de influencias e instituciones fue instrumental para el avance de la iglesia a fines del siglo pasado y en las primeras décadas del presente. Es la convergencia de fuerzas como las Asociaciones Cristianas de Jóvenes (YMCA, YWCA), los Movimientos Estudiantiles Cristianos (SCM), el Movimiento Estudiantil de Voluntarios para las misiones (Student Volunteer Movement). Es también la convergencia de personas como Dwight L. Moody, el famoso evangelista americano; John R. Mott, tal vez la figura cristiana más influyente en ese período; Robert Wilder, un apasionado de la obra misionera. Estos movimientos están en la raíz de alguna de las fuerzas más importantes del Protestantismo en nuestro siglo, y todos ellos giran alrededor de momentos decisivos de la vida universitaria de sus protagonistas.(3)
3. John R. Mott y la Federación Universal de MEC
Mott, el fundador de la Federación Mundial de Estudiantes Cristianos, el hombre clave de la famosa Conferencia Misionera de Edimburgo de 1910, uno de los artífices del moderno movimiento ecuménico, el predicador que recorrió los cinco continentes llamando a la juventud a la fe en Cristo y al servicio cristiano, conoció a Cristo en la universidad. Una cadena de circunstacias nos permite seguir el curso del designio de Dios para esta vida excepcional, e ilustra el contexto en el que surgen los movimientos estudiantiles evangélicos.
En varias universidades inglesas había grupos de estudiantes que seguían la tradición de asociarse voluntaria y libremente para el cultivo de su vida cristiana. Entre ellos se destacaban los de Cambridge y Oxford,(4) y también varios grupos, particularmente entre estudiantes de medicina. En 1873 el famoso evangelista norteamericano Dwight L. Moody visitó la universidad de Edimburgo y su persona y su mensaje causaron un impacto inesperado. Hasta entonces Moody en su propia patria no había tocado los sectores estudiantiles, tal vez porque él mismo era un autodidacta que no había pisado las aulas de la universidad. Pero en Edimburgo ganó para Cristo, entre otros, a Henry Dummond, que más tarde llegó a ser profesor notable y un cristiano influyente a través de la cátedra y la pluma. En 1882, Moody visitó Cambridge y Oxford en lo que hoy calificaríamos como una "misión" a estas universidades. Su celo y vigor espiritual atrajeron a muchos, entre ellos a C.T. Studd y Stanley Smith, deportistas de fama mundial, que conocieron a Jesucristo y se entregaron allí mismo para servirle como misioneros. Con otros cinco estudiantes que se les unieron, formaron el grupo conocido como "los siete de Cambridge", que por su decisión de dejar fama y gloria e ir como misioneros a tierras lejanas causaron un impacto notable en la juventud de su tiempo. Moody regresó a Inglaterra en 1885 y esta vez invitó al hermano de C.T. Studd, J. Kynaston Studd, a acompañarle a Norteamérica afin de que pudiera "animar a los estudiantes americanos a testificar directamente a sus colegas en las universidades, tal como los estudiantes ingleses habían aprendido a hacerlo."(5)
J.K. Studd, quien apenas había terminado su luna de miel, aceptó el reto de Moody. Atravesó el Atlántico y empezó visitando la universidad de Cornell. Fue allí que el posteriormente célebre John R. Mott se entregó a Jesucristo. Leamos la historia de la pluma del propio Mott:
Vacilé mucho antes de decidirme a ir a escuchar a este famoso atleta. Cuando llegué, ya la reunión había empezado. Al sentarme le escuché a Studd pronunciar estas tres frases: "¿Y tú buscas para ti grandezas? No las busques... Mas busca primeramente el Reino de Dios." (Jeremías 45.5; Mateo 6.33). Estas palabras calaron hondo en mí, llegaron a las raíces mismas de mis motivaciones. No recuerdo nada más de lo que Studd dijo. Me fui a mi cuarto, no a estudiar sino a luchar. A la mañana siguiente me fui a la soledad de una de las quebradas cercanas a la catarata. A las 2.30 me armé de coraje y suficiente como para pedir una entrevista con Studd. Lo encontré en su atuendo deportivo, inclinado sobre su Biblia. De manera muy perspicaz me hizo ver lo razonable que era el que yo consultara por mí mismo el libro que es la fuente del cristianismo, el Nuevo Testamento, y la sabiduría de usar mi voluntad para seguir el rayo de luz que conducía a Jesucristo. Mi rendición a Jesucristo como Señor vino después.(6)
Por su parte, Studd hizo únicamente una anotación muy simple en su diario: "A las 2.30 me visitó Mott. Hablamos de la obra cristiana". Sin embargo, después le escribió a su amigo Richard Morse: "De todos los estudiantes con quienes he tenido contacto, hay un hombre que tienes que vigilar de cerca, como a un líder: Mott, de Cornell".(7)
Studd no se equivocó. A partir de aquel encuentro con Cristo esta personalidad poderosa puso sus indomables energías al servicio del Reino de Dios, primero en los Estados Unidos y luego por todo el mundo. Stephen Neill ha dicho:
Cualquier cosa que Mott hiciese, la tenía que hacer completa y bien. Una vez que se entregó a Cristo, el traer a otros a una entrega similar vino a ser la máxima tarea de su vida. Lo primero que hay que recordar en cuanto a Mott es que a lo largo de toda su vida tuvo el corazón de un evangelista. Lo que quería por encima de todo era proclamar a los hombres y mujeres las buenas noticias de la nueva vida en Jesucristo.(8)
Meses después de su conversión ya lo encontramos participando en la célebre conferencia misionera de Monte Hermón (julio de 1886), donde Robert Wilder y él sentaron las bases de lo que habría de ser luego el Movimiento Estudiantil Voluntario para las Misiones (más conocido como Student Volunteer Movement). La chispa de la vocación misionera había prendido en cientos de universidades y escuelas. El movimiento adoptó como lema la famosa frase "La evangelización del mundo en esta generación". Alguna vez Mott dijo:
Sin ninguna duda, y en honor a la verdad, puedo afirmar que junto con la decisión de tomar a Cristo como mi líder y el Señor de mi vida, esta consigna ha tenido más influencia que todo otro ideal u objetivo combinados, para ampliar mis horizontes y ensanchar mi concepto del Reino de Dios.(9)
Una de las obras destacadas de Mott fue la formación de la Federación Mundial de Estudiantes Cristianos en el Castillo de Vadstena en Suecia, en 1895. Los líderes de Movimientos Estudiantiles Cristianos que se habían venido forjando en las décadas inmediatamente anteriores, expresaron así su deseo de unirse en un organismo de dimensión universal. Sólo seis personas participaron en aquella fundación. Mott acababa de cumplir treinta años y los otros eran más o menos de esa edad. La Federación fue un semillero de líderes ecuménicos y uno de los grupos que abrieron brechas en los esfuerzos por conseguir que los cristianos diesen un testimonio unido de su fe, en un mundo dividido, a fin de llevar adelante mejor su misión. La influencia de la Federación creció por todo el mundo y preparó el camino para las conferencias misioneras y eclesiásticas que vendrían más tarde hasta culminar en el Consejo Mundial de Iglesias en 1948.
4. Surgimiento de la Inter-Varsity Fellowship
Habiendo reconocido el talento y la profunda convicción misionera y evangélica de Mott, hemos de recordar también que la Federación fue lentamente cambiando su rumbo inicial. Para entender cómo surge la Comunidad Internacional de Estudiantes Evangélicos, paralelamente a la Federación, hace falta rastrear un poco en los orígenes evangélicos de este movimiento estudiantil y misionero y en algunas de las convicciones y tradiciones originales que luego abandonó.
Al hablar de algunas de las corrientes que convergen en el surgimiento de la Comunidad, hemos hecho referencia al protestantismo evangélico de los reformadores ingleses, al pietismo, y a algunas figuras de lo que se denomina "avivamientos" como Studd y Moody. En esta línea podrían mencionarse otras personas y movimientos también emparentados con la comunidad, no siempre directamente pero sí por afinidad de énfasis y convicción. Tenemos así figuras tales como Charles Simeon, gran predicador y académico evangélico en Cambridge; los hermanos Wesley y el movimiento metodista; los grupos estudiantiles de "Le Reveil", en la Suiza francesa; el movimiento pietista de la universidad de Halle; Zinzendorf y el movimiento moravo en Alemania.
La existencia de las iglesias evangélicas en América Latina se debe en gran parte al vasto impulso misionero que se forjó en el seno de estas corrientes que bien podemos describir con el adjetivo "evangélicas". Con ello nos referimos a una forma de pensamiento y acción cristiana que es claramente diferente del catolicismo y que aunque es protestante tiene características bien definidas dentro del protestantismo. Una buena síntesis de este movimiento nos la ofrece el historiador Justo L. González:
A fines del siglo XVII y a través de todo el XVIII aparece en la historia del protestantismo un despertar de la religiosidad individual que va aparejado a un nuevo interés en las misiones. Los dirigentes de este nuevo despertar protestaban contra la rigidez de la vieja ortodoxia protestante, y aunque ellos mismos eran por lo general teólogos debidamente adiestrados, tendían a subrayar por encima de las fórmulas teológicas la importancia de la vida cristiana práctica. Esta vida cristiana se entendía por lo general en términos individualistas, de modo que se subrayaba la experiencia personal de cristiano y su obediencia como individuo ante los mandatos divinos. En términos generales estos movimientos no pretendían constituirse en nuevas sectas o iglesias, sino que su propósito era más bien servir de levadura dentro de las iglesias ya existentes. Si en algunas ocasiones éste no fue el resultado de tales movimientos, ello no se debió tanto al espíritu cismático de sus fundadores como a la rigidez de las iglesias dentro de las cuales surgieron.(10)
Nótese los elementos que hemos subrayado en esta descripción. Reconoceríamos de inmediato en ellos algunas de las características más destacadas de los evangélicos latinoamericanos. El autor que estamos citando está especialmente interesado en la historia misionera. Así nos dice más adelante:
Es notable cómo la influencia del pietismo alemán y especialmente de Speener y Francke, puede seguirse a través de Zinzendorf, Wesley y el Gran Despertar en América del Norte. Puesto que es a través de estos movimientos que comenzó la gran expansión misionera protestante del siglo XIX, no ha de sorprendernos el que esa expansión haya tenido algunas de las características del pietismo y los demás movimientos que de él surgieron. Así, por ejemplo, los misioneros protestantes del siglo XIX tendrían a subrayar la necesidad de una decisión individual por parte de los conversos mucho más de lo que antes lo habían hecho los misioneros católicos y aun los primeros misioneros protestantes... Por otra parte, es necesario señalar que, a pesar de lo mucho que se ha dicho acerca de la tendencia del pietismo a apartarse de las realidades del mundo, fue este movimiento el que dio origen al interés de la iglesia en la totalidad geográfica del mundo.(11)
Una observación más sobre esta corriente nos ayuda a aclarar mejor el panorama del cual surge la Comunidad. Citamos esta vez a uno de los más respetados historiadores de la iglesia, en nuestro siglo: Kenneth Scott Latourette. En sus conferencias Canahan en Buenos Aires, en el año de 1956, Latourette trazó un cuadro magistral del protestantismo contemporáneo y de los desafíos que en nuestra época lo confrontaban. Dice acerca del tema que nos ocupa:
Las minorías vitales de protestantes en Europa son en gran parte de tradición puritano-pietístico-evangélica. A la misma corriente obedece más aun el crecimiento en números e influencia fuera de Europa. Esto significa que el protestantismo mundial tiene más y más una complexión puritano-pietístico-evangélica. No todos los que tienen una herencia protestante o todos los movimientos vigorosos dentro del protestantismo pertenencen a esta corriente. Sin embargo, a través de ella, en la práctica el protestantismo acentúa más que antes el sacerdocio de todos los creyentes, la justificación por la fe y el derecho y deber del juicio individual. Y al hacer esto se acerca más que nunca en su testimonio al corazón evangélico.(12)
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Nótese en particular los dos últimos párrafos de esta afirmación, que hemos subrayado. Al énfasis en la experiencia individual y visión misionera que González describió, Latourette le agrega esta toma de conciencia doctrinal, y quizás por ello agrega otros dos términos a su descripción, hablándonos de la tradición "puritano-pietístico-evangélica". Este aspecto doctrinal es clave para entender el curso de nuestra historia.
Ya hemos dicho que la Federación mundial de Estudiantes Cristianos se forma en 1895, en Suecia. Mott y los otros cinco fundadores representan por su experiencia personal y sus convicciones los que Latourette llamaría "tradición-puritano-pietístico-evangélica". Ruth Rouse, la historiadora dela Federación, nos dice que cuatro de ellos eran candidatos a misioneros y que en el caso de todos "su motivación central y el deseo ardiente de su corazón era ganar estudiantes para Jesucristo y su servicio a través de todo el mundo". (13) Sin embargo, menos de veinticinco años más tarde (1919), en Inglaterra que era el centro y foco de la actividad estudiantil internacional, algunos de los grupos estudiantiles evangélicos de más larga tradición se separaban del Movimiento Estudiantil Cristiano y en consecuencia de la Federación. Estos grupos que en 1928 formaron la Intervarsity Fellowship of Evangelical Unions fueron, con otros que pasaron por una experiencia semejante en otras partes del mundo, el origen de la Comunidad.
¿Qué había pasado para que se produjera esta separación? La pregunta es válida si se tiene en cuenta que cualquier líder de la Comunidad hoy en día se sentiría hermanado casi totalmente con hombres como Mott y la generación que lo acompañó en esas horas iniciales de la Federación. Esta pregunta fue de vital importancia para quienes empezaron la obra estudiantil asociada a la Comunidad aún en lugares del mundo donde la Federación estaba presente de un modo u otro.
El alejamiento gradual fue un proceso que empezó en la misma Inglaterra y en época temprana. Las convicciones evangélicas del Movimiento Estudiantil Cristiano eran claras en sus comienzos. Sin embargo, al crecer el movimiento la iniciativa fue pasando a quienes por entonces empezaban a tomar también la iniciativa en las universidades mismas: "en lo eclesiástico los grupos anglo-católicos y en lo intelectual los protestantes liberales". La resistencia al cambio se centró en Cambridge donde un grupo vivo y numeroso cuestionaba ya desde 1904, en forma articulada, tendencias como las concesiones hechas al liberalismo en nombre de una amplitud, que sin embargo iba excluyendo a los conservadores; la lenta sustitución de la Biblia por la teología moderna; o el abandono de la oración a favor de una liturgia mucho más formalista, pero menos viva. Las negociaciones con el CICCU para que se alinease con la marcha del MEC nacional no progresaron, ni tampoco progresaron los esfuerzos para transformarlo desde adentro por medios constitucionales. Finalmente, el grupo de Cambridge se separó del MEC británico en 1910.(14)
Al regresar de los campos de batalla de la Primera Guerra Mundial hubo nuevos intentos de negociación que también fracasaron. El CICCU optó por seguir su propio camino. Probablemente la firme convicción evangélica de sus miembros, su dependencia en una vida devocional consistente, tanto personal como comunitaria, y su tradición de iniciativa estudiantil local lo mantuvieron en la posición tomada.
La decisión del CICCU no fue fácil. La ola de actividades y la popularidad de aquellos años inmediatos a la pos-guerra favoreció mucho al Movimiento Estudiantil Cristiano. Hombres de convicción profunda, sin embargo, mantuvieron una causa que parecía perdida. Uno de ellos, Norman Grubb, narra el encuentro crucial una tarde de 1919. En éste, se llegó a la decisión de no cooperar de nuevo con el MEC, que para entonces había adoptado el liberalismo teológico de moda, poniendo énfasis en el evangelio social, y modicando el lenguaje de su base doctrinal para dar cabida al mayor número de opiniones. Dice Grubb:
Después de una hora de conversación que no nos condujo a ninguna parte, presentamos una pregunta vital y directa: "¿Considera el MEC que la sangre de Cristo es el punto central de nuestro mensaje?" La respuesta fue: "No, no es central, si bien le damos un lugar en nuestra enseñanza". Esa respuesta definió el asunto, porque les explicamos allí mismo que para nosotros la sangre expiatoria de Jesucristo era el corazón mismo de nuestro mensaje, y que nunca podríamos unirnos a un movimiento que le diese un lugar inferior.(15)
Por supuesto que no era sólo esa diferencia doctrinal específica la que jugaba un papel básico en las razones del alejamiento. En cierto modo todo un nuevo talante o actitud del cual estaba ausente el énfasis en la oración diaria, la conversión personal, y aun el espíritu misionero, había empezado a caracterizar al MEC en Inglaterra y a la Federación en otras partes del mundo. De allí que la intransigencia de Cambridge fue poco a poco encontrando eco en otras universidades inglesas, hasta que se culminó nueve años más tarde, en 1928, con la formación de un nuevo movimiento nacional paralelo al MEC, que se denominó precisamente Inter-Varsity Fellowship of Evangelical Unions. Fue luego de esa reunión que un grupo de estudiantes vendieron sus equipos deportivos a fin de pagar el pasaje transatlántico a un hombre que fuera al Canadá, en respuesta a la solicitud de que allí también se formase algo parecido. Howard Ghinness, un médico que acababa de graduarse, cruzó el océano y viajó de un extremo a otro del Canadá. La visita resultó como una chispa que encontró material combustible en todas partes. Grupos de estudiantes se organizaron de la noche a la mañana y al año siguiente surgió la nter-Varsity Christian Fellowship del Canadá. De allí Guinness pasó a Australia y Nueva Zelandia, donde con el curso de los años surgieron también movimientos nacionales.
5. Formación de la Comunidad Internacional
Del Canadá, el movimiento pasó a los Etados Unidos recién en 1939. C. Stacey Woods fue el hombre que le dio forma al movimiento canadiense y luego al americano durante los varios años en que actuó como secretario general de ambos. A partir de la visita inicial a la universidad de Michigan el movimiento en las universidades norteamericanas se extendió rápidamente, inclusive durante los años de la Segunda Guerra Mundial. Los canadienses contrataron a dos jóvenes profesionales americanos y los sostuvieron para que continuasen en Estados Unidos la obra que la visita de Stacey Woods había comenzado. Fueron ellos Grace Koch y Charles Troutman. Estos años iniciales se caracterizaron por la labor intensa, de grandes demandas, debido a que el terreno parecía estar preparado para un crecimiento inesperado. Había entre los universitarios tremenda hambre espiritual y también una firme vocación misionera.(16)
Este crecimiento en los países de habla inglesa no fue sin embargo protegido con el favor oficial de las grandes iglesias y denominaciones. Es necesario destacar que la Federación a nivel internacional y el MEC a nivel nacional era quienes contaban con ese apoyo organizativo moral y financiero. Como ya hemos dicho, los líderes de la Federación pasaron a ser los líderes del movimiento ecuménico, y especialmente en Europa esto significaba que eran los líderes reconocidos por los grandes cuerpos eclesiásticos. Cuando se critica el "exclusivismo" de los grupos de la Comunidad, o su "sectarismo" se debe recordar que eran movimientos surgidos en la base misma del mundo estudiantil, con un fuerte sentido de independencia de los organismos eclesiásticos y una combatividad forjada muchas veces en un ambiente hostil. También relacionado con este hecho se da el predominio de iniciativa de profesionales universitarios laicos en el surgimiento de estos movimientos. Profesores de anatomía o química, matemáticos o físicos, apoyaban las iniciativas estudiantiles que muchas veces no contaban con el favor de los pastores o capellanes universitarios, mucho más inclinados a la línea oficial de sus respectivas denominaciones. Hombres claves del movimiento británico fueron: A. Rendle Short, Douglas Johnson, Martin Lloyd-Jones, todos ellos médicos. Sir J.J. Thomson (físico) y Sir William Ramsay (clasicista y arquéologo) lo apoyaron desde sus comienzos. Muchos de los secretarios viajeros en el Canadá y en los Estados Unidos nunca hicieron estudios teológicos formales, sino que forjaron su teología en el diario ajetreo de su ministerio entre estudiantes.(17)
Es muy posible que la firmeza del CICCU en los momentos críticos de 1910 y 1919 les pareciera a muchos alarmismo o falta de visión en cuanto al futuro. El tiempo, sin embargo, les dio la razón. No son únicamente voces hostiles a la Federación las que lo dicen, ni tampoco voces que vienen necesariamente de los círculos allegados a la Comunidad. La valerosa autocrítica que transcribimos a continuación fue publicada por el órgano de los MEC en América Latina, Testimonium, y tomada del órgano oficial de la Federación, The Student World.
Desde 1895 a 1914 la Federación creció y progresó y el siglo XIX se cerró con una nota de confianza. Fue entonces cuando rompió la Primera Guerra Mundial y henos aquí viviendo aún "entre los tiempos". No hemos superado aún el choque, pero estamos comenzando a revivir. De los años 1914 a 1930 el MEC pasó por un período de terrible confusión. En muchos países se vivió esta experiencia. Perdimos el derrotero. No estábamos seguros de Jesucristo. Estudiábamos libros de ética y libros acerca de la Biblia, pero no estudiábamos la Biblia. Olvidamos cómo orar. Llamábamos a los estudiantes "a la aventura cristiana". Ibamos a liberar al mundo de la pobreza, la enfermedad y la guerra en una generación. Creamos varios lemas que tenían muy poco que ver con la verdadera tragedia de nuestro tiempo. Pero el día se va aclarando otra vez. Hay señales. Una vez más el llamado a la evangelización debe significar mucho para nosotros.(18)
Esto fue escrito en 1955 por un hombre que durante cuarenta años trabajó cerca de Mott, Speer y los forjadores de la Federación. Desde entonces hasta aquí, los que hemos seguido con interés la historia de la Federación no hemos visto que ella haya regresado al celo evangelizador a que se la llamaba de vuelta. Y no se trata aquí de levantar un dedo acusador contra un movimiento paralelo al nuestro, sino de entender el curso de los acontecimientos y captar -desde nuestra propia perspectiva- la validez de la preocupación que llevó a formar la Comunidad.
Mientras el movimiento que hemos descripto ocurría en el mundo de habla inglesa, en varios países de Europa pasaba algo semejante. La iniciativa noruega había mentenido viva en los países escandinavos la llama de un movimiento evangélico entre los estudiantes. El profesor Hallesby, a quien ya se ha mencionado, viajaba a los países vecinos a su patria y mantenía vinculaciones con la IVF en Gran Bretaña. En Alemania, un teólogo de la talla de Karl Heim había favorecido una línea más evangélica en el MEC alemán, que desgraciadamente fue disuelto por Hitler en 1938. Karl Heim mantuvo un contacto con los grupos inglesees de IVF y luego de la guerra apoyó el surgimiento del Studenten Mission in Deutschland, grupo afiliado hoy a la Comunidad. En Hungría, el Dr. Ferenc Kiss, un líder de la iglesia de los Hermanos y profesor de Anatomía en la Universidad de Budapest, mantuvo también una línea evangélica en el movimiento "Pro-Cristo" (afiliado a la Federación), cuyo programa y énfasis se acercaban mucho a los de los grupos evangélicos. Un fermento evangélico similar existía en Suiza, en Holanda y también en Francia.
Noruega e Inglaterra dieron los pasos iniciales hacia una Comunidad Internacional, en una pequeña conferencia que realizaron en septiembre de 1934, en Oslo. Estos dos movimientos y algunos observadores de los otros países escandinavos descubrieron que tenían mucho en común. Pero lo decisivo, sin duda, fue que en dicha conferencia se encontraron tres hombres excepcionales: Ole Hallesby, Robert Wilder y Howard Guinnes. Ya los hemos mencionado a los tres. Luego de su actuación junto a Mott en los comienzos de la Federación, Wilder había ido como misionero a la China. Retirado ya en Noruega, su celo evangélico y misionero no había disminuido, y al encontrarse con los jóvenes que se habían dado cita en Oslo, vio allí el fuego y el celo que en sus años mozos habían barrido Norteamérica y Europa, en los otros tiempos de la Federación. Wilder había visitado la conferencia anual de la IVF británica, al igual que Hallesby. Guines era fruto de ese movimiento.
Los mensajes y la presencia de estos hombres llevaron a los delegados más jóvenes a trazar allí mismo los planes para una conferencia internacional anual. Cada año, a partir de 1934 dicha conferencia se realizó congregando un número creciente de delegados que representaban movimientos que también crecían rápidamente.Ver la lista de conferencias y lugares es ver los hitos de un movimiento que crecía vigorosamente.(19) Lo que fue oficialmente la Cuarta Conferencia Internacional de Estudiantes Evangélicos se realizó en Cambridge el 27 de junio al 2 de julio de 1939. Estaban presentes más de 800 estudiantes representando a 33 países. El tema fue "Cristo: Nuestra libertad", y la atmósfera de la conferencia estaba permeada de un profundo sentido de la gravedad de aquella hora. Unas pocas semanas después se desató la carnicería de la Segunda Guerra Mundial. Para más de uno la afirmación de Cristo como nuestra libertad fue una premonición de la fe que hacía falta para atravesar esos días sombríos.
El interín duró lo que duró la guerra. El Comité de continuación que se había formado en 1939 se reunió nuevamente por un día en 1946 en Oxford. El mundo estudiantil había cambiado. Grupos evangélicos habían surgido en Suiza y en China, los movimientos canadiense y americano habían crecido notablemente y se hicieron presentes en Oxford. Se realizó un balance de la situación mundial y de la historia del movimiento estudiantil hasta entonces, y se aceptó la invitación norteamericana de reunirse en 1947 en la Universidad de Harvard, a fin de darle forma más permanente a lo que hasta entonces había sido una conferencia internacional anual.
A fines de agosto de 1947, en la Universidad de Harvard, en Cambridge, Massachusetts, el acuerdo unánime de las delegaciones estudiantiles allí presentes fue el de proseguir a la formación de una Comunidad Internacional de Estudiantes Evangélicos. Y así se hizo. Una historia de siglos de convicciones e iniciativas, motivadas por eldeseo de anunciar el mensaje de Jesucristo y vivirlo en las aulas universitarias, convergía en la formación de la Comunidad. La declaración de propósitos y la Base Doctrinal, aprobadas en Harvard, reflejan la voluntad expresa de los delegados allí reunidos, de no permitir que la falta de previsión al forjar una Constitución diera lugar a la desviación que siempre acecha luego del cansancio generacional.
Desde 1947, la obra de la Comunidad ha propiciado el comienzo de 42 movimientos nacionales de estudiantes evangélicos en 60 países y sigue trabajando activamente en otros 30. Cuando representantes de la fuerzas evangélicas de todo el mundo se congregaron en el Congreso de Evangelización en Lausana (julio de 1974), un número sorprendente de líderes de las iglesias del Tercer Mundo, portavoces de una tradición evangélica vitalizada por los rasgos de iglesias indígenas, eran hombres forjados en las filas de movimientos de la Comunidad. En Inglaterra este movimiento evangélico ha propiciado el surgimiento de los estudios bíblicos en un nivel que combina seriedad académica y respeto por la Palabra de Dios en forma admirable. Probablemente una verdadera renovación teológica evangélica ha de surgir de esta labor bíblica, que revitalizará la teología protestante antes del fin de siglo.
En la reunión de harvard en 1947, estuvo presente Gwendolyn Shepherd, una joven médica argentina que hacía allí sus estudios post-grado. De regreso en su Argentina natal, se entregó con entusiasmo al cultivo de un movimiento que reflejase las convicciones que ella había visto expresadas en Harvard. Así fue tomando forma la Peña Bíblica Universitaria, y así nuestra historia entra en un nuevo capítulo.
Referencias
1. Dos libros que exploran esta presencia y acción estudiantil en la vida de las iglesias son: David M. Howard, Student Power in World Evangelism, Inter-Varsity Press, Downers Grove, 1970, y J. Edwin Orr, Campus Aflame, Regal Books, Glendale, 1971.
2. Buena parte de los datos históricos que se presentan en los capítulos I y II ha sido tomada de Douglas Johnson, ed., A Brief History of the International Fellowship of Evangelical Students, IFES, Lausanne.
3. Una fuente valiosa de información acerca de la Federación es, Ruth Rouse, The World's Student Christian Federation, SCM Press, London, 1948. También hemos consultado las revistas The Student World, y Testimonium, órganos oficiales de la Federación en inglés y castellano-portugués respectivamente.
Para el nombre inglés World's Student Christian Federation, existen dos traducciones castellanas, y no sabemos cuál es oficial en este momento: Federación Mundial Cristiana de Estudiantes y Federación Universal de Movimientos Estudiantiles Cristianos. De aquí en adelante usaremos simplemente el nombre Federación para referirnos a ella y MEC (Movimiento Estudiantil Cristiano) para referirnos a los movimientos nacionales que son miembros de ella. subir
4. Estos grupos se conocen por los nombres CICCU (Cambridge Inter-Collegiate Christian Union), fundado en 1877, pero precedido por varios esfuerzos anteriores, y OICCU (Oxford Inter-Collegiate Christian Union).
5. D. Johnson, op. cit., p.39.
6. R. Rouse, op. cit., p. 48.
7. Id. Pp. 48-49
8. Stephen Neill, Men of Unity, SCM Press, London, 1960, p. 16.
9. D. Howard, op. cit., p. 87.
10. Justo L. González, Historia de las misiones, La Aurora, Buenos Aires, 1970, pp. 187-188.
11. Id. p. 203.
12. K. S. Latourette, Desafío a los protestantes, La Aurora, Buenos Aires, 1957, p. 78.
13. R. Rouse, op. cit., p. 62.
14. J. C. Pollock, A Cambridge Movement, John Murray, London, 1953, es la historia más completa del CICCU, y ofrece una detallada crónica de este proceso; ver especialmente caps. X a XVI. R. Rouse, op. cit., da también otra versión del proceso. Ver especialmente caps. XIV a XVI.
15. J. C. Pollock, op. cit., pp. 194-195.
16. D. Johnson, op. cit., cap. V.
17. Id. cap. IV, además de nuestras conversaciones personales con algunas de las personas mencionadas.
18. E. Fay Campbell, "El empuje evangelizador", en Testimonium, vol. III, N°4, p. 188.
19. 1934, Oslo (Noruega); 1935, Estocolmo (Suecia); 1936, Beatenberg (Suiza) y Helsinki (Finlandia); 1937, Budapest (Hungría); 1938, Copenhagen (Dinamarca) y 1939, Cambridge (Inglaterra). (D. Johnson, op. cit., p. 52 ss.)
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