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Samuel Escobar
Valencia, 15 de julio, 2008
(Versión revisada, 18 de octubre, 2008)
Para quienes conocemos algo de la historia de la obra estudiantil evangélica en América Latina, el Congreso Latinoamericano de Universitarios Evangélicos realizado en Cochabamba, Bolivia, del 19 al 27 de Julio de 1958 fue un hito inicial de importancia decisiva. En 1998 la Comunidad Internacional de Estudiantes Evangélicos celebró los cuarenta años de ese evento con un Congreso similar en la misma ciudad. Bien vale la pena recordar estos dos eventos ahora que se cumplen cincuenta años del primero y una década del segundo. En esta época posmoderna tan poco inclinada a tomar en serio la historia, es imprescindible insistir en que los humanos somos seres de memoria y que recordar el pasado nos ayuda a no perder la identidad, a mantener un mínimo de humanidad.
Cochabamba 1958
Cochabamba 1958. ¡Qué inolvidable experiencia para quienes fuimos partícipes y testigos! El fuego oratorio y la minuciosidad parlamentaria típica de los estudiantes latinoamericanos de aquella época se pusieron al servicio del debate teológico y el proyecto misionero en la universidad. Se discutió intensamente tanto la base doctrinal sobre la cual iba a desarrollarse la labor que soñábamos para el mundo estudiantil de nuestro continente como la estrategia que ese momento histórico requería. Las actas de las sesiones resumen a veces en dos apretadas líneas debates que duraron muchas horas. La Comunidad que auspiciaba el evento tenía su propia base doctrinal y primó el criterio de que esa base era un buen punto de partida para ser adoptado en nuestra región. Sin embargo, los debates que por momentos fueron apasionantes hicieron de esa declaración y del programa que proponíamos algo nuestro, algo que expresaba adecuadamente las convicciones de nuestro trasfondo eclesiástico, de nuestra propia experiencia espiritual y estudiantil.
Los casi cuarenta delegados congregados en Cochabamba representaban a diecisiete grupos estudiantiles esparcidos por nueve países. Únicamente México tenía un movimiento nacional organizado, el cual estaba representado por Ed Pentecost. También estaban allí algunos de los pioneros de otros países: Roberto Young, Wayne Bragg, Ruth Siemens. Estaban algunos profesionales jóvenes activos ya, y que luego se enrolarían de maneras diversas en la labor: René Padilla, su hermano Washington, Lucas Blanco de Oliveira, Samuel Escobar, Luis Perfetti. Estaban algunos estudiantes que embarcados ya en la tarea resultarían después puntales en el avance de la misma: Nelly García, Pedro Arana, Sara Pazmiño, Pedro Dillon, Enrique Giraldo, Lydia Polech, Angel García. Los oradores fueron dos personas de activísima militancia estudiantil evangélica. John White mientras estudiaba medicina en Manchester, había ocupado el cargo más alto como líder estudiantil del movimiento británico. David Phillips había sido activo líder del movimiento canadiense en la Universidad de British Columbia.
Cochabamba 1998
Cuarenta años más tarde, en Cochabamba 1998, acudieron 740 delegados representando movimientos organizados en 26 países, todos los países latinoamericanos e invitados de España y otros continentes. La asistencia a las reuniones superaba el millar en algunas sesiones. De los veteranos de 1958, Young, Padilla, Arana y Escobar estuvieron presentes acompañando a las nuevas generaciones. Como en 1958, las exposiciones bíblicas fueron centrales y estuvieron a cargo de dos maestros en el arte de exponer la Palabra: Jorge Atiencia de Colombia y Ziel Machado de Brasil, formados ambos en la obra estudiantil de sus países y también en centros teológicos. Con un agudo sentido de la historia el lema hizo referencia a Cristo como Alfa y Omega y los expositores bíblicos exploraron el libro de Apocalipsis.
Experiencias fundantes
Cochabamba 1958 fue un hito importante por lo menos en tres sentidos. Primero, una toma de conciencia profunda de que el Espíritu de Dios estaba en acción en las universidades latinoamericanas, como antes lo había hecho en otras partes del mundo. Segundo, se impartió allí enseñanza concentrada y germinal que iba a contribuir poderosamente a crear todo un estilo de trabajo y liderazgo. Tercero, de común acuerdo con la Comunidad Internacional de Estudiantes Evangélicos se visualizó una estrategia continental para capacitación y literatura
El encuentro en sí mismo tuvo el tremendo valor de ayudar a una toma de conciencia de lo que estaba pasando. Así por ejemplo, los cinco brasileños habían viajado cinco días por tren desde São Paulo, cruzando todo el sur de su país y la mitad del territorio boliviano. Un grupo de nueve personas que representaban Ecuador, Perú, Costa Rica y Guatemala habían demorado otros cinco días cruzando los Andes desde Lima hasta La Paz en autobús. Unos y otros podían reír juntos y alabar a Dios pensando en las increíbles peripecias de sus viajes. Pero también podían contar emocionados lo que Dios estaba haciendo ya en sus respectivas universidades y aprender unos de otros. Uno de los himnos que se cantó muchas veces con gran entusiasmo, casi como un himno lema, fue "¡Cuán grande es El!", que empezaba a popularizarse en aquel momento, y que expresaba muy bien el sentir de aquellos días.
En 1998 y sabiendo que el Congreso sería masivo un grupo de 100 voluntarios acudió a Cochabamba un mes antes del evento para un curso de formación personal y práctica que les capacitaría para servir como ujieres, secretarios, vigilantes, guías y animadores en las tareas organizativas propia de la vida cotidiana en comunidad. Gail de Atiencia, de Colombia, experta en organización y discipulado, hizo un trabajo magistral con los voluntarios. Hubo 34 talleres dedicados a diferentes aspectos de la metodología de trabajo estudiantil. El cancionero del evento llamado Takiykuna incluía setenta canciones, muchas de ellas forjadas en las filas de esta obra estudiantil, como por ejemplo los himnos de Joel Sierra el cantautor mexicano, pastor bautista y profesor universitario, cuyas líneas coreábamos con entusiasmo:
Cuando el mundo padece tiranías
Aparatos de odio y de mentira,
Que los siervos de tu reino se mantengan
Como ejemplo contrastante de servicio
Si en el mundo los jefes se agigantan
Manejando sus deseos de poder
Que tu pueblo sea fiel a tu mensaje
Pues conquistas lavando nuestros pies.
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El púlpito en 1958
En 1958 tanto John White como David Phillips debían su propia carrera misionera a su experiencia como estudiantes. White, quien en ese momento era médico en un leprosario en Bolivia, expuso los principios básicos del liderazgo cristiano, tomando a Nehemías, el personaje de la reconstrucción de Israel, como modelo. Además ofreció un vivido testimonio personal para demostrar los principios básicos de la iniciativa y responsabilidad estudiantil en la tarea evangelizadora en la universidad. Su forma de exponer el material bíblico y mostrar su pertinencia para las diversas tareas propias de la obra estudiantil, dejaron en todos una huella profunda. Phillips era por entonces Rector del Seminario Bautista de Cochabamba, y aunque no había estado considerado en el programa inicial, su contribución bíblica fue también germinal. Desarrolló el tema del Siervo de Dios en Marcos, como modelo de liderazgo. El caudillismo y el modelo latinoamericano de liderazgo tipo "comité político" eran una constante tentación contra la cual muchos de nosotros tendríamos que luchar en los años siguientes.
Quien escribe estas líneas cree sinceramente que las exposiciones bíblicas de White y Phillips crearon en todos los asistentes un deseo ferviente de encontrar un modelo bíblico de liderazgo y seguirlo. La ventaja de que las exposiciones estuviesen basadas en el texto bíblico fue que al correr de los años muchas veces regresaríamos a ellas para refrescar la memoria o compartirlas con otros en las más variadas circunstancias. Podemos bien decir que en 1958, por medio de estos dos misioneros forjados en la obra estudiantil de sus países, Dios nos dio de su Palabra la porción que iba a hacer falta para la ruta en la cual nos iniciábamos.
La cátedra en 1998
Cuatro décadas más tarde, en 1998, la Biblia sigue siendo eje central en la vida de los grupos universitarios. Las exposiciones bíblicas fueron seguidas de grupos de discusión con guías dinámicas preparadas con esmero y brotadas sin duda de una práctica al mismo tiempo respetuosa de la autoridad de la Palabra de Dios y de la pertinencia contextual. Las exposiciones bíblicas muestran trabajo serio con el texto. Haberse atrevido a tomar un libro como Apocalipsis y tratar de contextualizar su lectura en un trabajo sofisticado dentro de la tradición de la CIEE fue un ejercicio valiente y realizado con esmero. Atiencia y Machado trabajan en serio con el texto y modelaron dos estilos igualmente válidos. El estilo de Atiencia es reflexivo, meditativo, con énfasis en el fondo del contenido, sin muchos recursos oratorios o ilustraciones. El de Machado más bien con frases de efecto, ilustraciones jocosas y dominio de gestos aunque sin descuidar el trabajo con el texto. Se puede disfrutar de la lectura de ambas exposiciones en el libro No tengan miedo (Ediciones Certeza Unida). En el año 2003 la editorial Certeza Argentina publicó una nueva edición de Lideres y siervos, el libro en que John White había resumido sus exposiciones de Cochabamba 1958. El aporte de los biblistas y expositores forjados en la Comunidad al pueblo evangélico latinoamericano se puede apreciar en libros como La Fuerza del Espíritu en la evangelización, editado por René Padilla (Kairos, 2006).
La agenda
El Congreso de 1958 fue auspiciado por la Comunidad, pero la idea y la iniciativa habían partido de los mismo grupos que para entonces existían. Los viajes de Roberto Young, la correspondencia entre los estudiantes, y los campamentos que conseguían congregar personas de diversos países fueron creando una atmósfera favorable. A pesar de sus limitaciones económicas, los estudiantes viajaban: cuatro estudiantes peruanos asistieron a un campamento en Ascochinga, Córdoba, en 1956; cuatro estudiantes bolivianos y cuatro ecuatorianos asistieron a un campamento en Lima, en 1957; en América Central había ya una tradición establecida de campamentos regionales. Así había ido surgiendo la idea de una reunión continental para consulta, comunión y planificación de trabajo futuro. Los estudiantes de Lima y Cochabamba se habían contado entre los más entusiastas del proyecto, Roberto Young fue el portador de la idea en sus viajes del año 1957, y se preocupó de detectar cuidadosamente las inquietudes de cada lugar que visitaba, las iniciativas estudiantiles, las ideas acerca del programa, naturaleza de la reunión, fecha y lugares más convenientes. En atención a estas inquietudes, la Comunidad por su parte había empezado a establecer contactos con una diversidad de personas que estando en el continente podían ser elementos claves para el futuro, y que convenía que estuviesen presentes en esta reunión continental.
La carta-convocatoria está firmada por Roberto Young, fechada en Río de Janeiro el 24 de mayo de 1958. Está redactada con sencillez y expresa claramente cuál es la intención de la reunión:
Como resultado de los pedidos y deseos indicados de varias personas y grupos universitarios de América Latina para realizar una CONFERENCIA LATINOAMERICANA, en consejo y comunión con IFES, la conferencia en Cochabamba, Bolivia, ha sido planeada con el propósito de considerar cómo llevar a cabo la evangelización de los universitarios latinoamericanos.
La carta luego propone un programa y algunos mecanismos para la discusión que llevase a acuerdos respecto al objetivo de la evangelización en la universidad. Se deja claramente establecido que la presidencia y secretaria de las sesiones de debate administrativo durarán sólo el tiempo que dure el Congreso, y se propone una agenda para dichas sesiones. Cabe mencionar aquí que desde sus inicios, el grupo de Lima, por ejemplo, había querido evitar el énfasis en los esquemas organizativos. Estábamos aburridos de tanta organización universitaria y aun evangélica que existía sólo en el membrete de su papel. Así se lo expresamos a Young en las consultas iniciales. Probablemente los demás grupos compartían esta desconfianza. La carta citada dice:
el propósito de estas sesiones no es de carácter organizacional ni el de establecer una organización latinoamericana. El presente esquema será sometido a los diferentes grupos, de modo que sus representantes en la conferencia, reflejen el punto de vista del grupo referente a los asuntos concernientes. Las decisiones no son terminantes ni implican obligación alguna a los grupos diversos. Cada grupo en virtud de su autonomía lanzará su decisión ulterior.
Cabe hacerse la pregunta ¿fue la reunión de Cochabamba 1958 un Congreso? Podemos decir que sí porque quienes vinieron representaban, en su mayoría, grupos realmente existentes y que los habían autorizado a representarlos y a compartir las experiencias vividas. Así, por ejemplo, la ponencia de Samuel Escobar sobre El Medio Universitario había sido discutida y aprobada como ponencia por el grupo de Lima. Adolfo Blanco, a nombre de los profesionales argentinos de SAUCE, presentó una ponencia sobre su forma de apoyar a la obras estudiantil. Ed Pentecost de Mexico compartió los principios de trabajo de un "Comité Nacional" para apoyar la iniciativa estudiantil. Sin embargo, predominó la atmósfera de búsqueda de un acuerdo que obligaba más bien moralmente y que sacaba la fuerza para ser llevado a cabo no tanto del números de votos sino de la visión común compartida y el sentido misionero de urgencia de los allí presentes.
Las deliberaciones sobre nombre del congreso, formulación de propósito y la base doctrinal adoptada eran un ejercicio de articulación de lo que cada grupo allí representado era ya, en el fondo. La lectura del Acta puede evocar una sonrisa, pero no creemos que las discusiones fuesen ociosas, ya que eran una manera de definirnos. Éramos "evangélicos", éramos "latinoamericanos" y discutíamos por qué usaríamos esos términos y en qué sentido el nombre escogido de AUGE (Asociación Universitaria de Grupos Evangélicos) describía bien nuestra identidad y nuestros propósitos.
Lo que tuvo valor más permanente fue sin duda la adopción de una estrategia común: la división del continente en regiones con sus obreros y campamentos de capacitación, la aceptación de la ayuda de la Comunidad sosteniendo asesores en las diferentes regiones, y un programa de literatura de alcance continental. Las cuatro regiones que se constituyeron eran: a) México, América Central, el Caribe de habla española y Venezuela; b) Colombia, Ecuador y Perú; c) Chile, Bolivia, Argentina, Uruguay y Paraguay, y d) Brasil. Quedó claramente establecido que "las divisiones geográficas aquí establecidas no son inalterables... pero que cualquier cambio será hecho bajo previa consulta con las regiones interesadas y los obreros... de las regiones afectadas". (60) Relacionado con este acuerdo estaba el hecho de que ya había algunos obreros o "asesores" (término adoptado más recientemente); y que se nombraría a otros, de manera que cada región estuviese adecuadamente atendida.
Cuando la Comunidad, por medio de Stacey Woods, invitó a Samuel Escobar para ser asesor, éste puso como condición para aceptar el que dicha posición fuese aprobada por el Congreso convocado en Cochabamba . Así sucedió y además el Congreso dio también un voto de confianza a quienes ya trabajaban en las otras regiones: en la región a) Ed. Pentecost y Wayne Bragg con el pedido de "oración para que Dios llame y prepare más obreros nacionales"; en la región b) Samuel Escobar; y en la región c) Luis Perfetti. La Comunidad ofrecía sostener a estos obreros por un tiempo prudencial inicial y la oferta fue aceptada con gratitud acordándose el envío de una carta que así lo expresase.
El siguiente paso aprobado fue que un equipo formado por C. Stacey Woods, John White, Roberto Young y Samuel Escobar viajase en el verano de 1959 a cuatro lugares claves, uno de cada región, donde la Comunidad ofrecería un campamento para capacitar líderes de los diferentes grupos. Las ciudades escogidas fueron São Paulo en el Brasil, Córdoba en la Argentina, Lima en el Perú y Ciudad Trujillo (como se llamaba entonces Santo Domingo) en La República Dominicana. Los campamentos se realizaron conforme a lo programado, con pequeños cambios y en ellos Stacey Woods habló sobre la persona y obra del Espíritu Santo y su ministerio central para la vida de cualquier movimiento misionero, White se ocupó de la iniciativa y responsabilidad del estudiante en la obra, Young habló sobre la organización y actividades de un grupo local y Escobar desarrolló un esquema de análisis del medio universitario latinoamericano. Se tenía así un programa bastante equilibrado que se ofreció con algunas variantes regionales y que creó una cierta tradición en cuanto al contenido de los programas de capacitación.
En 1998 el equipo internacional de asesores de la Comunidad en América Latina estaba compuesto por el brasileño Dieter Brepohl, el ecuatoriano Jorge Atiencia, la argentina Ruth Padilla, la peruana Angelit Guzmán el guatemalteco Israel Ortiz y el alemán Ulrich Schlappa. Estos líderes tenían responsabilidades especializadas o regionales pero además cada movimiento nacional tenía sus propios asesores, secundados en algunos casos por colaboradores venidos de Europa o Norteamérica. Durante el congreso de 1998 Dieter Brepohl pasó la Secretaría Regional a su paisano Ziel Machado, en un momento de celebración y expectativa marcado por la oración y la solemnidad. Para un movimiento estudiantil latinoamericano que se acerca a los cincuenta años de vida, haber visto transiciones de liderazgo sin conflictos generacionales ha sido una prueba de madurez espiritual e institucional y de la validez de un estilo de liderazgo basado en el concepto del servicio.
Al echar una mirada a los encargados de los 34 talleres sobre "Ministerios" que se ofrecieron en Cochabamba 98 se reconoce a personas salidas de las filas de la Comunidad que hoy ocupan posiciones de responsabilidad académica, teológica, docente y en instituciones evangélicas del continente: gente como Beatriz Buono, la eficaz directora de Ediciones Certeza Unida; Wasny Nackle de Roure, político brasileño; Caleb Meza, director de una conocida ONG en el Perú; Tonica Van der Meer misionera brasileña en Angola por una década y hoy profesora de Misiones, Marcelo Vargas, educador teológico boliviano; Douglas y Marylin Stewart, especialistas en pastoral estudiantil. Como tantos otros que sería largo enumerar, estas personas son testimonios vivientes del aporte de la Comunidad a América Latina en el tiempo transcurrido desde el primer Congreso de Cochabamba. Un análisis de contenido de las ponencias de 1998 muestra fuerte sensibilidad pastoral en Douglas Stewart e Israel Ortiz, raigambre bíblica y calibre teológico en Valdir Steuernagel, sofisticación intelectual en Angelit Guzmán y Paul Freston y una clara dimensión misionológica en Samuel Escobar.
La literatura
La presencia del profesor Alejandro Clifford, aunque llegó un poco tarde al Congreso de 1958, fue algo que los estudiantes con sensibilidad cultural y literaria apreciaron de manera especial. Clifford describió al tipo de revista y libros que se esperaba publicar, dedicados a los estudiantes. Pacientemente escuchó sugerencias, trató de aunar criterios lingüísticos opuestos y empaparse del sentir general. En ese momento él y Paul Sheetz formaban el mejor equipo del periodismo evangélico latinoamericano y fue la visión del secretario General de la Comunidad, el australiano Stacey Woods, la que consiguió atraerlos a las tareas de la Comunidad. Clifford tenía experiencia en la cátedra universitaria, una vasta información política y literaria y un conocimiento enciclopédico de la historia de los evangélicos en América Latina. Todo ello fue una delicia para muchos delegados, en conversaciones que se prolongaban hasta más allá de la media noche, en la fría noche cochabambina. Surgió así una tremenda expectativa y entusiasmo por lo que luego sería Certeza "revista para la gente que piensa", y Ediciones Certeza, cuya influencia había de ser decisiva en el mundo evangélico y aún más allá.
La idea de una literatura "para la gente que piensa" ha seguido siendo el lema de los programas de literatura asociados a la Comunidad en 1998. El Consorcio Certeza Unida que reúne a las editoriales Certeza de Argentina, Lámpara de Bolivia, Puma del Perú y Andamio de España ha mantenido su norma de calidad literaria, identidad evangélica, pertinencia contextual y generacional, en sus grandes obras de consulta como el Nuevo Diccionario Bíblico, y en sus libros de divulgación y exposición bíblica con traducciones de calidad y estímulo a la producción latinoamericana. Un aporte valioso fue el número especial de la revista Misión dedicado a la Comunidad que preparó René Padilla para Cochabamba 1998. Al igual que los libros de Ediciones Kairos muestran una continuidad en la línea editorial que Padilla imprimió a Ediciones Certeza en los años que estuvo a su cargo.
En resumen
Cochabamba fue mucho más que lo que esta apretada síntesis presenta. Durante el Congreso se disfrutó de la hospitalidad de la Bolivia Indian Mission en sus instalaciones de Carachipampa. Su director Joseph Mc Cullough había sido él mismo dirigente estudiantil evangélico, y en ese ámbito se forjó su vocación misionera. El acto inicial se realizó en el Aula Magna de la Universidad de San Simón y la comunidad evangélica de la ciudad expresó de maneras diversas su simpatía y apoyo a los congresistas.
Cuando los delegados nos dijimos adiós en aquel polvoriento camino de tierra que nos llevaba de regreso desde Carachipampa hasta la ciudad de Cochabamba y luego a nuestros diferentes destinos, compartíamos la extraña sensación de que algo nuevo y diferente estaba empezando a suceder en América Latina. Una nueva etapa se abría para la obra estudiantil en tierras latinoamericanas.
1998: Momento de renovación
Hacia el final de Cochabamba 1998 los asistentes experimentaron un momento único de arrepentimiento y renovación. En sus exposiciones bíblicas sobre Apocalipsis Jorge Atiencia había señalado que en los mensajes a las iglesias siempre se les pedía arrepentimiento. En el equipo de asesores que dirigía el Congreso se planteó la posibilidad de que la Palabra estuviera llamando también a los movimientos estudiantiles a un tiempo de arrepentimiento. Israel Ortiz, de Guatemala narra así la experiencia: "Desafiados por la palabra tuvimos un tiempo para evaluar nuestro caminar como movimientos estudiantiles… El día siguiente al evaluar el día como equipo regional, todos coincidimos que no habíamos sido sensibles para escuchar al Espíritu Santo que nos quería llevar a ese punto. Recuerdo que Douglas Stewart nos dijo: 'Muchas veces llegamos tarde a la cita del Espíritu Santo'. A la luz de esta evaluación el día siguiente dimos oportunidad luego de la exposición de la palabra para que todos los países tuvieran un tiempo para hacer lo que debíamos haber hecho el día anterior."
Douglas Stewart relata así lo que pasó: "Jorge pidió que cada uno tomásemos una hora a solas en reflexión, oración y arrepentimiento, y que luego nos reuniéramos en nuestro grupo nacional para compartir, orar y arrepentirnos 'colectivamente' como representantes de movimientos nacionales. Fue una experiencia dramática y profunda, en que el Espíritu nos hablo a fondo, específicamente, y nos dio la gracia de arrepentirnos y volvernos nuevamente al Señor y su gracia. Creo que fue un momento decisivo en el Congreso, que marcó un toque nuevo de Dios a esa generación nueva, librándolos de ataduras y cargas del pasado, y llenándoles de energía y visión más limpia para el futuro." Israel Ortiz concluye: "Esa mañana fue evidente el espíritu de arrepentimiento, confesión y deseo de humillarnos delante del Señor y caminar con sencillez de corazón junto al pueblo de Dios en América Latina. El documento final del congreso refleja este hecho."
Se puede decir entonces que como respuesta colectiva a las exposiciones de la Biblia en 1998, durante el Congreso se fue forjando una oración con la cual se quería culminar el evento. Unos párrafos de esta oración colectiva, resumen bien el sentir de continuidad y expectativa vigente, para quienes como este cronista tuvieron el privilegio de regresar a Cochabamba cuarenta años después del primer Congreso:
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Traemos ante ti un tributo de gratitud por habernos llamado. Gracias por las diversas generaciones estudiantiles que han nutrido tus filas en América Latina… Tu generosidad le ha permitido a nuestros movimientos aportar a la edificación de tu pueblo en el continente. Fijándote en la pequeñez de tus siervos nos has considerado dignos de tu llamado. Te abrimos el corazón en gratitud jubilosa.
Con todo tu pueblo nos llegamos a ti en esperanza clamando "¡Ven pronto!" Acerca tu Reino. Estamos sedientos de tu justicia. Amamos tu venida y en el entretanto cerraremos filas en torno tuyo hasta que la Universidad de América Latina ponga a tus pies toda su riqueza. Ábrenos las avenidas hacia tu nueva ciudad y condena al olvido de los siglos el rumor asqueante de la Babilonia seductora.
Teniendo como testigos a hermanos que representan a la
familia de la CIEE fuera de América Latina y los pioneros de esta obra, firmamos
delante de ti esta declaración de adoración, gratitud, confesión,
arrepentimiento y compromiso en Cochabamba, Bolivia
el día 16 de enero de 1998.
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