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Vonoth Ramachandra La Política y el Ocultismo Julio 24, 2009

Un astrólogo fue arrestado en Sri Lanka el mes pasado. ¿Su crimen? Predecir que la popularidad del presidente declinaría y que pronto estaría fuera del poder. No ayudó que el astrólogo tuviera nexos con el partido político de oposición. Muchos políticos y sus acólitos están enterrados hasta el cuello en supersticiones; y pese a las instituciones modernas como la constitución, el parlamento y la burocracia profesional, las decisiones políticas son a menudo controladas por nociones feudales de patronazgo, creencias sobre periodos "propicios" y prácticas que involucran "amuletos" y otros poderes protectores ocultistas.

El astrólogo fue posteriormente dejado en libertad al declarar ante un magistrado. Pero el incidente bien revela lo absurdo, la paranoia y la profunda inseguridad que está detrás de las máscaras de arrogancia de los supuestos autócratas en todas partes. También la forma en que la policía deja de ser una agencia para la aplicación de la ley y se convierte en empleada privada de hombres así. Pero la pregunta más profunda que levantó es raramente tratada en las discusiones políticas contemporáneas, tanto en Asia del Sur como en Europa Occidental. ¿Pueden la democracia, la responsabilidad social y el respeto por el Estado de Derecho florecer en sociedades donde las cosmovisiones culturales subyacentes son inmunes a la crítica, tanto en nombre de la "multiculturalidad religiosa" o porque son consideradas irrelevantes en la política?

La Biblia Hebrea cuenta la historia del Dios creador cuyo carácter se revela y sus propósitos para el mundo se ejecutan a través del llamado al antiguo Israel. Ese Dios, conocido por su nombre del pacto Yavé (Ex. 3:14), no era una deidad tribal sino el incomparable señor de todas las naciones y activo en las historias de todos los pueblos (ej. Amós 9:7). Israel fue llamado para dar testimonio del carácter único de Yavé y sus propósitos al adorarlo solo a él, una adoración que implicaba buscar la justicia para el débil, el vulnerable y el olvidado, y rechazar las estructuras políticas y económicas opresoras que identificaban a sus vecinos.

Mientras que los dioses de los vecinos y los grandes imperios de ese tiempo (Egipto, Asiria y Babilonia) se identificaban con hombres poderosos -reyes, guerreros, sacerdotes- el Dios de Israel se identificó (a sí mismo) con la "viuda, el huérfano y el extranjero". Por eso, cuando el pueblo de Israel le daba la espalda a Yavé o adoraba a Yavé como si fuera otro dios de la fertilidad como el Baal Cananita, también le daba la espalda al pobre. La idolatría y la injusticia social son dos lados de una misma moneda. Era verdad entonces, es verdad ahora.

La idolatría involucra una aproximación contractual a la deidad: en intercambio por el sacrificio apropiado, se espera que los dioses den salud, prosperidad, victoria militar y protección de las fuerzas malignas. La adoración se trata por eso de encontrar la técnica correcta para obtener el fin deseado. La última etapa en la formación del ídolo involucra cambiar los roles: el ídolo ahora controla la vida de sus adoradores, re-formándolos a su propia imagen.

La adoración de aquello que es inferior a nosotros sólo puede deshumanizarnos. Nos convierte en objetos en vez personas. Los profetas desarrollaron un rico lenguaje de mofa y sátira dirigida a los dioses falsos de las naciones, proclamando su impotencia. También criticaban la arrogancia de las naciones y ciudades que se imaginaban a sí mismas como "dioses" inmortales.

Es en este lugar donde es relevante para la política moderna el lenguaje bíblico de la demonología. Ya sea que tomemos "demonios" como una referencia a los seres sensibles invisibles, o mitológicamente, como el carácter espiritual de las estructuras políticas, culturales y sociales deformadas; no sólo son los individuos "poseídos" por tales poderes malignos sino también sociedades enteras. Cuando los seres humanos le dan a cualquier aspecto de la creación de Dios (ej. Sexualidad, familia) o a la obra de sus manos (ej. Ciencia, naciones-estado, tecnología) la adoración que sólo se debe al Creador, están llamando a fuerzas invisibles que eventualmente les dominarán. Cuando aquello que tiene el propósito de servir es tratado como señor, rápidamente se convierte en tirano. Al haber rendido nuestros corazones, individual y colectivamente a los ídolos, somos esclavizados por demonios. Tales demonios siempre demandan sacrificios humanos. Así la idolatría lleva al sacrificio de los miembros débiles de la sociedad y aparentemente "inútiles", a la destrucción del ecosistema mundial y a la abdicación de toda la responsabilidad de unos ante otros y por la creación no-humana.

Así que la idolatría no se encuentra exclusivamente en lo que llamamos "culturas tradicionales" y religiones "no-cristianas". Si el panteón hindú guarda similitudes con los dioses amorales e inmorales de Mesopotamia y Canaán, así también el compenetrado culto a "la salud y la riqueza" de muchas iglesias. Jesús advirtió repetidamente a sus discípulos contra el encanto de la riqueza, que él personificó con el dios rival Mamón. Los ídolos más poderosos no son objetos físicos sino conceptos mentales, incluyendo nuestros conceptos sobre Dios. Cuando "Dios" es cooptado para bendecir nuestros proyectos privados y nacionales, cuando los pastores compiten por iglesias más grandes y ricas o cuando la alabanza se evalúa por "cómo me hace sentir", en vez de cómo somos transformados a la semejanza del servicio de Cristo para el mundo, estamos practicando idolatría.

Aquellos que adoran dioses falsos para asegurar el poder (ya sea religioso o secular) viven en un clima de constante sospecha, inseguridad y temor. Sus más grandes enemigos están en ellos mismos. El único antídoto contra el temor es la visión de Aquel que teniendo todo el poder a su disposición se humilló a sí mismo, asumiendo el papel de humilde siervo para desenmascarar y destronar a los poderes que han devastado este mundo.


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