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Vonoth Ramachandra ¿Terror de Alta Tecnología? Julio 31, 2009

Imaginemos a un excéntrico joven, experto en tecnologías de la información en un cuarto de operaciones de la sede de la CIA en Langley, Virginia. Desde que era un niño pequeño ha estado asesinando a personajes asquerosos en juegos de simulación de guerra en su computadora. Pero ahora los personajes son seres humanos de carne y hueso, y muchos de ellos no son asquerosos. Algunos son mujeres y niños. Sucede que éstos viven en el sur de Afganistán o en el noroeste de Pakistán. Han perdido sus vidas o han visto sus casas destruidas por ataques de misiles de aviones sin piloto operados por la CIA. Cada semana, desde septiembre del 2008 hay reportes de muertes de civiles por ataques dirigidos desde los EEUU de esta forma, y han sido reportados ampliamente, pero los medios de comunicación occidentales no los han condenado con la misma indignación que a las parecidas acciones militares de ejércitos no-occidentales.

En una publicación anterior ("Matando Civiles" del 29 de mayo de 2009) señalé la importante distinción moral en la guerra entre combatientes y no-combatientes. Los no-combatientes son aquellos que no producen ni poseen los medios para infringir daño a otros. Las reglas justas de combate militar no solo prohíben apuntarles sino también se espera que los soldados profesionales se arriesguen en la guerra sin imponer eso a los no-combatientes.

El despliegue de aviones sin piloto, el bombardeo aéreo a grandes alturas y los misiles de travesía lanzados desde buques de guerra costa afuera han cambiado la naturaleza de la guerra. Estados Unidos y sus aliados ahora pueden luchar en guerras con un mínimo de enfrentamientos cara-a-cara. En su libro La Nueva Forma de Guerra Occidental, Martin Shaw nombra a este estilo de combate como "transferencia de riesgos": la transferencia deliberada y sistemática de los riesgos en la guerra del personal militar Occidental a los soldados locales y a las poblaciones civiles locales. Tal transferencia de riesgos es un descarado rechazo de los principios de la guerra justa. En su planeación estratégica, el riesgo de que los soldados estadounidenses puedan sufrir algún daño es mucho más considerado que el riesgo en otros, incluyendo a los no-combatientes.

La hipocresía y la doble moral practicada por los EEUU y los gobiernos europeos, en cuanto a los cargos por "crímenes de guerra" y el desmantelamiento de las libertades civiles en la llamada "guerra contra el terror", es uno de los grandes obstáculos para asegurar los derechos humanos alrededor del mundo. Cuando muchos activistas por la paz y los defensores de los derechos humanos en el Tercer Mundo denuncian los actos de tortura o métodos indiscriminados de guerra de sus propios gobiernos, la respuesta que reciben es negación absoluta o la excusa: "Si los Americanos, los Británicos y los Israelitas lo hacen, ¿por qué habremos nosotros de ser condenados?"

¿Me pregunto cuantos cristianos estadounidenses y británicos escriben a sus representantes políticos o a sus periódicos nacionales sobre este tema? Seguramente haría del compañerismo en la misión mucho más que palabras huecas para los cristianos del Tercer Mundo, que muchas veces carecen de poder para confrontar a sus propios gobiernos.

La noción tradicional de ganar una guerra era suficientemente clara: derrotar a un enemigo en el campo de batalla y forzarlo a aceptar condiciones políticas. ¿Pero qué significa la victoria en la guerra contra el terror? ¿Una guerra como esta tendrá fin? Luchar contra las difusa y esparcida colección de células de Al Qaeda es muy diferente a luchar en un territorio demarcado contra un ejército insurgente como los Tigres de Tamil. (El gobierno de Sri Lanka ha hecho alarde de su victoria militar sobre los Tigres como un parteaguas significativo en la lucha global de la "guerra contra el terror", pero esto es simplemente para hacerse publicidad a sí mismos.)

El terrorismo va a continuar mientras que la vida humana en el planeta tierra continúe. El mito de que podemos hacer a nuestras sociedades "completamente seguras" llevará a que consideremos "la seguridad nacional" un ídolo; como vimos en la última publicación del blog, todos los ídolos demandan humanos inocentes como sacrificios propiciatorios. Nosotros, mientras tanto, podemos reducir el riesgo del terrorismo a tal nivel que no afecte significativamente el diario vivir de los ciudadanos, ni les ocupe su mente y provoque miedo. Esto implica mejor trabajo de inteligencia y ganar la confianza de las poblaciones locales al responder a sus quejas en vez de hacerlas más grandes. Buscar el objetivo de eliminar el terrorismo al asediar y hasta matar vidas inocentes para reducir el riesgo a corto plazo de los líderes nacionales sólo resultará en más terrorismo.

La victoria vendrá no cuando Washington y sus aliados maten y capturen a todos los terroristas y sus potenciales, sino cuando la ideología que los terroristas sostienen sea desacreditada, cuando sus tácticas fallen o cuando encuentren otros caminos para alcanzar los objetivos que persiguen. En ese punto, esperemos, aún los terroristas se darán cuenta que la violencia es inútil.

Cada año mucha más gente muere a resultado de accidentes en carretera, enfermedades fácilmente prevenibles y por severos cambios climáticos debido al calentamiento global, que a causa del terrorismo. ¿Entonces por qué estas cosas no han merecido el masivo financiamiento que se vierte para armas de alta tecnología y "seguridad nacional"?


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